La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Winter please, be nice.

Invierno por favor, se bueno. Invierno, se bueno y acaríciame con tu frío. Mátame las manos con el calor de un café, o la brasa de una colilla a medio terminar. Disfrutar de esas tardes con complejo de noche, en las que te pierdes por las calles de un centro de Madrid oscuro. Invierno por favor, se bueno. Porque no tengo a nadie con quién compartirlo.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Calles marrones, cielos grises.

Otoño. Esa bella estación en la que las calles se tiñen de marrón y mis manos solo buscan el calor de una taza de café. Otoño. Mi estación favorita tal vez. Por el frío, por los días grises que me recuerdan a Londres, por los jerseys, por tus abrazos, tus besos y tus caricias... Juntos, sentir tu aliento enfrente del mío. Tu calor, es mi calor. Buscar nuestros refugios, o ir por la calle como si no nos importara que está lloviendo. Quizá no me guste mucho el calor o el Sol, y prefiera un buen azote de viento en la cara para evadirme de todo. O simplemente es que soy un antiguo de fotos en blanco y negro, un clásico. Un melancólico. Sea lo que sea, el Otoño, siempre será nuestra estación. Pero espera, no te bajes de ella. Aún me tengo que terminar de fumar este cigarrillo, para dejarme el sabor en los labios que tanto te gusta.


domingo, 2 de diciembre de 2012


Quizás lloraba, o quizás pensaba. O simplemente no quería pensar, para así no llorar más. Sus ojos ya habían tenido durante muchos años entre batallas, complejo de los canales de Venecia. En ese momento, como si de un rey a punto de abdicar en el trono se tratara, aquel chico estaba sentado en su asiento y su fila indicadas en aquel billete de avión destino a Londres. Puede que hubiera madurado muy rápido, a pasos agigantados privándose de aquella infancia, para ahora darse todas aquellas respuestas él solo. Era uno de esos chicos bohemios, que lloraba a cara descubierta, y mostraba sus sensibles sentimientos. Solo quería mirar hacía adelante, pero parecía tener unas cadenas ancladas al suelo. Ese suelo, esa base; era su pasado, sus secretos de ese pasado. El cual, había sabido taparlo muy bien con un sin fin de actuaciones en la vida, y sonrisas falsas. Los únicos buenos valores que tenía, eran por parte de sus amistades. Aquellas que le habían dado la oportunidad de abrirse y darse a conocer. Sus amigos le definían cómo una buenísima persona. Y todo aquello, era lo que le había dado tiempo a pensar mientras se fijaba en el reflejo de sus rostro plasmado en la ventanilla del avión. Tras esa ventanilla, su ciudad amaneciendo. Madrid. La ciudad de sus sueños rotos, cumplidos, pensados o simplemente soñados en compañía de cigarrillos, y su gente. En aquella había sido valientemente cobarde, simplemente trataba de olvidar. Lo cual se le daba bien, pero aún mejor en Londres. Esta vez, no se sabe bien si iba para olvidar, recordar o empezar algo nuevo. Lo único que sabía, es que la sensación que produce un avión al despegar, es muy parecida a cuando tienes ganas de llorar.