Sus cafés iban acompañados de cigarrillos y sal, debido a sus ganas de llorar. Sus pies temblaban, se acercaba el final. La vida la había tratado tan mal, que le daba igual ya ganar o perder. Sus escusas no sabían ya ni hablar por ella. Solo recordará las tardes de Invierno por Madrid, esas noches enteras sin dormir. La vida pasa, y sentía que iba a morir de amor al no ver a nadie sentado en su portal sin mirar al suelo ni pensar. No era mala, solo ingenua. Pretendía creer que el mundo estaba a sus pies. Quería construir un mundo a todo color, en blanco y negro. No podía evitar echarle de menos, solo quería verle.
Hay momentos en los que los sueños se hacen realidad, y esos momentos pasan desapercibidos. Se cansaba de hablar con el silencio. Una maleta llena de libros y fotos de una sonrisa junto a la mía la acompañaban en aquella travesía con su abrigo a los hombros; con el cual se durmió. Quería mirar y sentir, se perdía esperando, no le quería perder por morir. Aquel tren que no dormía estaba vacío de sonrisas, pero solo una mirada buscando la suya al bajar en aquel triste apeadero. Le abrazó con el reflejo del Sol del medio día. En el trayecto leyó sus poemas de amor. Le perdió, le buscó, no encontró nada. Le encontró nuevamente a él pensando en ella.
La recibió con un gran ramo de rosas, la última no era de plástico ya que todo tiene fecha de caducidad; hasta el amor. Era un día de pensar, sin pensar en nada en concreto. Apartaba la mirada para no enamorarse de sus ojos. Se conocieron entre silencios. Su cara se empapó, gracias a esas cosas tontas; era así. La esperanza siempre era su medicina. Mientras el Sol daba su último bostezo, se dieron aquel beso. Son baratos y es lo único que calla nuestras húmedas bocas. El amor verdadero, es tan solo el primero. Los demás siempre serán para olvidar.
Por eso era cómo el mosquito tonto de la manada, que seguía su luz aunque la llevara a morir. Le seguía cómo todos esos puntos finales, que adornan frases suicidas buscando su fin. Era una poeta que trabajaba en un banco. Se callaba porque era más cómo engañarse respecto a esas batallas entre razón y corazón. El cine era su escaparate, al igual que esa rosa resignada decoraba su despacho elegante. Por eso siempre le llamaba 'amor mío', al primero que no la hacía daño cuando ya había olvidado. Reducía sus palabras a una iluminada pantalla. Era su medicina real. Escribir. Y en silencio pensaba tan solo en él.
La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.
sábado, 24 de noviembre de 2012
miércoles, 21 de noviembre de 2012
No quiero amor, solo quiero alguien a quién encenderle los cigarros.
No quiero amor, solo quiero alguien a quién encenderle los cigarrillos. No quiero amor, solo quiero besar a alguien sin miedo a perder esos labios. No quiero amor, solo quiero hacer largas sesiones de fotografías al lado de alguien. No quiero amor, solo quiero dar tumbos por Madrid. No quiero amor, solo quiero compartir todas mis canciones con alguien. Mi problema, la impaciencia. Mi problema, la desesperación. Mi problema, las hostias. Mis problemas, la ausencia de ese alguien. Mi problema, que quiero amor.
martes, 20 de noviembre de 2012
Sustituimos los besos, sustituimos las personas, sustituimos los recuerdos, sustituimos las caricias, los sustituimos todo. Quizá sea por que la vida sigue, y nos empeñamos en olvidar todo lo que nos hizo sonreír en un pasado. Por que de los recuerdos no se vive, y se vive del presente. Pero, ¿quién se acuerda del pasado? El pasado es solo nostalgia, es esa sensación de vacío que te entra en el corazón cuando te hacen recordar una cosa bonita del pasado y la acompañas de con una media sonrisa tras haber recordado todo aquello. Eso, es sustituir. Y sustituir es recordar. Recordar que somos lo que fuimos, que besamos por que alguien nos besó, y conocemos gente nueva por que ya hemos conocido a nuestros actuales amigo en su día. Somos una caja en la que entran y salen historias, como sustitutos de los recuerdos.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Solo olvidaba viajando, solo viajaba a Londres. Se conocía todos sus recovecos de memoria, al igual que los de Madrid. Pero en ese breve fin de semana, estaba acompañado. Acompañado de besos, caricias, sonrisas, miradas, y todo tipo de ñoñerías románticas para imaginar. Le quería, si. Por siempre, tal vez. Tal vez los 'para siempre' dan miedo. Dan miedo por la juventud, por la madurez, o por que no es es amor si no capricho, quién sabe. En ese preciso momento el se detenía en Westminister. Los dos salían de la mano, ajenos del resto y sus miradas que pocas eran comparadas con las de Madrid. Las vistas al Big Ben, al Támesis, el London Eye, el boulevard del río, los árboles verdes y ese inconfundible olor a mar y ambiente húmedo que caracteriza Londres. Apoyados en el bordillo de aquel antiguo puente, se besaron.
Besaba por que era lo que sentía, sus labios con otros labios que pronunciaban 'te quiero' de forma incondicional. En ese momento sacó su vieja cámara Canon analógica en honor a lo vintage, y se fotografiaron para el recuerdo de aquel viaje a Londres. Ahora, cada uno, o quién sabe, solamente uno recuerda ese viaje mirando aquella fotografía en compañía de lágrimas, cigarrillos y vodka.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Quizá fue el ser humano quién creó el universo de la soledad, un buen o mal invento. Depende de cómo lo queramos ver. Nadie nos escucha mientras hablamos con nosotros mismo, pero sin embargo siempre nos preguntaremos en que estará pensando en la persona que tenemos al lado. Nuestra mente piensa sola, en una búsqueda sin sentido. todo pasa a través de nosotros. Cómo si fuera una estadística, siempre buscamos al resto. Estamos solos, cómo un satélite en órbita a la Tierra. Hay noches en las que nos sentimos más solos que un astronauta, mandando llamadas de emergencia alguien sin respuesta. Perdemos cuando nos quedamos sin nada, pero sin embargo siempre formaremos parte de un todo. Me gustaría dejarme caer dando vueltas y vueltas, que todo cesara. Estamos enfermos de silencio. Qué habremos hecho, habrá millones de personas y nos conformamos con nuestro puñado. Pero somos únicos en desconectar de todo en nuestra cabeza. Nos recreamos en nuestros gritos de silencio, de gravedad cero. Necesito bajar, y abortar esta misión ahora. Todos cuando estamos solos nos olvidamos del resto, pero el resto nunca de nosotros. Si escuchas mi voz, ven y sálvame.
sábado, 3 de noviembre de 2012
Cansado un poco de todo, y un bastante de nada; decidió irse a su sitio favorito de Madrid. Aquella azotea era su pequeño mundo con la banda sonora personalizada de sus cascos. Se veían todos los rascacielos, las calles importantes, la gente... Lo observó todo. Y observó cómo el ser humano había construido todo aquello en base... ¿A? En base a su felicidad. Una felicidades entre vigas de acero, ruido, gritos, personas, historias, tecnología. Su abuela siempre le decía que siempre hubo un tiempo pasado mejor. Y la verdad, es que no se equivocaba. Miraba toda aquella ciudad en el esplendor de su inmensidad y su todo, pero tambien miraba todo aquello. Y la verdad es que todo aquello era artificial. Bajó rápido las escaleras de emergencia, y arrancó su coche al mismo tiempo que se encendía un cigarrillo y sintonizaba su emisora de radio favorita.
Dirección, lejos. Camino, la primera autopista más cercana. Objetivo, el campo. Tras una larga hora entre historias, recuerdos, un par de cigarrillos más y la banda sonora de la radio; llegó a su meta. Salió de su coche y corrió lo más lejos posible. Sin nada, absolutamente nada. Solamente ella, y la plenitud del campo alejado de todo aquello que había dejado atrás. Lo mejor de todo, es que se había dado cuenta, que allí era feliz. Y como siempre, sonreía.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)












