Cansado un poco de todo, y un bastante de nada; decidió irse a su sitio favorito de Madrid. Aquella azotea era su pequeño mundo con la banda sonora personalizada de sus cascos. Se veían todos los rascacielos, las calles importantes, la gente... Lo observó todo. Y observó cómo el ser humano había construido todo aquello en base... ¿A? En base a su felicidad. Una felicidades entre vigas de acero, ruido, gritos, personas, historias, tecnología. Su abuela siempre le decía que siempre hubo un tiempo pasado mejor. Y la verdad, es que no se equivocaba. Miraba toda aquella ciudad en el esplendor de su inmensidad y su todo, pero tambien miraba todo aquello. Y la verdad es que todo aquello era artificial. Bajó rápido las escaleras de emergencia, y arrancó su coche al mismo tiempo que se encendía un cigarrillo y sintonizaba su emisora de radio favorita.
Dirección, lejos. Camino, la primera autopista más cercana. Objetivo, el campo. Tras una larga hora entre historias, recuerdos, un par de cigarrillos más y la banda sonora de la radio; llegó a su meta. Salió de su coche y corrió lo más lejos posible. Sin nada, absolutamente nada. Solamente ella, y la plenitud del campo alejado de todo aquello que había dejado atrás. Lo mejor de todo, es que se había dado cuenta, que allí era feliz. Y como siempre, sonreía.



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