Me voy a por tabaco, tal vez no vuelva nunca. Tal vez no he aprendido el camino de vuelta, tal vez no quiera ya ni volver. Lo que más me preocupa es mi duda sobre apagar o no las colillas. Una brasa entre los labios me quema la mierda, me hace los suspiros roncos. Lo único que nubla mi vista este espeso humo que parece moverse cada día más y más a cámara lenta. Mi rutina es a tonos grises de nostalgia. Echo de menos esas nubes grises que terminaban empapando mi cara con una sonrisa, puede. Volveré, seguro. Viviré, quién sabe. La rigidez de un cigarrillo depende de cómo sea tratado. Tal vez termine roto, hecho una mierda; o tan impoluto y puro cómo aquél que das la vuelta para pedir un deseo.
No se por qué escribo esta mierda, tal vez sea hipócrita y un débil hundido entre cajetillas de mil marcas, las cuales me han acompañado para escribir esas pequeñas líneas.

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