Te invade poco a poco, cómo un escalofrío. Llega poco a poco, cómo el amor; o eso dicen. Pero siempre llega puntual, cosa de la que toda persona peca. Llegas igual, Invierno. Empiezas tiñendo las calles de marrón, hasta que un día decides invadirlas de blanco. Blancos como el fondo de nuestros ojos, blanco cómo las nubes cuando está a punto de nevar, blanco como el fondo de nuestros ojos que vieron esas nubes. Tal vez los besos tiritando entre escalofríos bajo la luz abandonada de una farola sean mejor, tal vez busquen tus abrazos. Puede que la ciudad esté mas bella con gotas de lluvia, puede que nosotros paseando por la ciudad la hagamos más bella. Solo estoy seguro que mis lágrimas son fáciles de ocultar bajo la lluvia, que tus besos saben mucho mejor entre los abrazos del gélido viento y que el calor que desprende el café o la brasa del cigarrillo no me lo quita nadie. También se que el Invierno se va a acabando, y da que tú has querido terminar del la misma forma. Sin duda no te necesito, creo. Solo se te necesito a ti, Invierno.

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