La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.

domingo, 27 de mayo de 2012


Aún no había salido el sol, mira en su reloj. Las siete, no ha podido dormir. Toda la noche, acurrucada en su esquina, no le conseguirá olvidar. Toda la habitación está patas arriba, el desorden es presente. Sus ropas mezcladas por el suelo, los discos, sus libros, las películas. No solo la habitación, en el salón el jarrón roto en el suelo también da muestra de la discusión de ayer. No era una discusión de estás que se arreglan con un simple polvo, no. Esa fue más allá, no solo se limitó a sacar trapos sucios, defectos y reproches.; llegaron a la manos.
El aspecto de ella, aparte de ser el típico de una recién despertada, daba huella de un par de signos de violencia en su rostro. El labio de abajo, un poco hinchado. Sus ojeras decía que se ha pasado toda la noche llorando. Pero como todos bien sabemos, nada es para siempre. Ese siempre que parecía eterno a su lado, se había esfumado solo hace un par de horas. Las rupturas son doloras, pero las rupturas sin motivos ni explicaciones, dejándola a ella tirada, son aún más doloras.
El tiempo que ha pasado ya, no volverá. No hay nada más. ¿Adiós? 

jueves, 24 de mayo de 2012


Su antebrazo ya estaba rojo de tanto conducir a la luz del sol. No sabía los kilómetros que llevaba recorridos, simplemente quería huir. Su salida fue brusca, y quizás mas violenta de la que él querría haber realizado, pero es uno de los hombres más impulsivos que he visto nunca la verdad. En sus ojos, cansancio. De conducir, y de la vida en general. Solo diecinueve años, y sin rumbo en el viejo coche de su padre. En el maletero, nada. Bueno, su mochila con lo básico. Solamente se ausentaría durante unas semanas, lo suficiente como para olvidar e intentar reamueblar sus ideas. Esa escena le duele mucho. Nunca quiso presenciarla, pero su mente es retorcida; y sobretodo celosa. Es su amiga, bueno. Era su amiga, lo sabía. Pero ese beso, ese beso le partió el alma. Daría sudor y lágrimas por comprarse una máquina en el tiempo y volver atrás y reconstruir cada error cometido por su inmadura cabeza. Celos, celos y más celos. Eso es lo que ha sido su bendito problema, no solo ese. La maldita obsesión por cosas absurdad, sinsentidos. Se ha cargado toda su adolescencia, piensa. Pero está a tiempo de comenzar, lo sabe. No todo se arregla con perdones, está claro. Reconstruir un edificio en ruinas cuesta mucho esfuerzo, y muchas personas. El cartel indicaba que se salía de los límites del estado. 

sábado, 19 de mayo de 2012


Se levantaba como cada mañana. Ojos legañosos posiblemente de llorar, o de haber soñado que no lloraba nunca. Una sonrisa cansada pintada en la cara de niño triste que abraza su almohada. Miraba la tele y no oía nada. Hablar por hablar y romper a llorar, es posiblemente lo mas tierno y profundo del alma. Los días que pasan, al fin y al cabo son solo palabras seguidas de palabras. Se ríe sin ganas. No tiene motivos en una vida, que por circunstancias ajenas a él mismo, se han encargado de hundírsela. 

Lágrimas que son como gotas de lluvia mojando su cara. Tiene la sensación de vivir en un mundo que le es pequeño pero su corazón grande  rompe todo a trocitos de hielo. Ilusión por vivir feliz, ilusión que siempre se acaba. Días que pasan, alba tras alba, tormenta con un leve descanso precedida tras otra tormenta. Ya pensaba que su alma, su cuerpo y su voz no servían de nada. Se sentía raro, todas aquellas noches de juerga, aquellas tardes paseando por Madrid se volvía todo amargo. Estaba cansado de actuar su vida, un actor que olvidó su guión. Palabras que no dicen nada. Solo quería ser como es el en realidad, mientras todo a su alrededor cambia. 

martes, 15 de mayo de 2012


Aquella cita la había pillado por sorpresa. Había tenido que cancelar aquella ansiada entrevista de trabajo en un pub de medio pelo de West Side y para colmo llegaba tarde a aquella discográfica. El metro neoyorkino como siempre hace de las suyas. Este estudio de la Gran Manzana era el enésimo. Aquella lista nunca terminaba, ya se empezaba a cansar de frases estilo 'lo siento, no está dentro de las corrientes actuales', 'lo valoraremos más adelante', 'tu talento es brillante, pero no como para lanzarte a la radio'... La rabia ya se apoderaba de sus pensamientos. Las gafas de sol Rayban de pasta marrón tapaban sus ojeras, las drogas de la noche anterior habían sido de las buenas. Lo mejor es que las había mezclado con unas buenas dosis de Jack Daniels. El reloj de la sala da espera la estaba poniendo de los nervios. Tic, tac, tic, tac... aquel segundero se le clavaba en los ojos. En uno de esos segundos eternos se empezó a girar el pomo de aquella moderna puerta de cristal. Tras ella una típica ejecutiva rubia trajeada.
-Estefanía puedes pasar.- Dijo tras una sonrisa forzada en contraposición a su serio rostro.
Ella cogió su bolso posado sobre el suelo al mismo tiempo que despectivamente mascaba su insípido chicle de fresa.
Todas cómodas, ella en la silla, y la otra en su sillón giratorio de cuero. Sobre el despacho, nada. Estaba vacío.
-No hay nada, las consideraciones son las mismas ¿me equivoco? -Se adelantó maleducadamente, la verdad es que estaba muy harta de dar tumbos de discográfica en estudio de grabación y que siempre la mandabaran para casa.
Tras una pausa y una mirada sarcástica, la ejecutiva respondió.
- La verdad es que...Déjame ver.- Empezaba a alborotar unos papeles de su cajón. Sacó un folio y comenzó a rellenarlo.- Lamentablemente nos hemos quedado sin fotocopias de contratos, así que te lo hago yo a mano.
A Estefanía se le quedaba la cara de piedra. No sabía como reaccionar, solo se quitó las gafas y mostró sus negros ojos. La boca la tenía extremadamente abierta. Finalmente, las lágrimas salían de sus ojos.
- Pe pe pero...
-Chica, toma el bolígrafo y hazme el favor de rellenarmelo.- Sonreía.
Inmediatamente sus labios esbozaron una bonita sonrisa, dejaban ver sus dientes de marfil perfectamente alineados por los brakets. Las lágrimas caían débilmente por sus mejillas.
- Perfecto, pues mira. Aquí tienes mi tarjeta, llámame dentro de un par de días y te comento. Por cierto, tu Curriculum es excelente, excelentemente oscuro. A excepción de el excelente nivel de piano que tienes, eso nos vendrá bien.
- Vale.- Dijo sosa, pero radiando felicidad al mismo tiempo que retiraba nuevamente sus lágrimas.
Salió corriendo hacia el ascensor que rápidamente marcaría la planta baja. Impaciente viaje hasta tierra firme, no soportaba los rascacielos tan altos, pero sí que amaba Nueva York. Su ciudad. En la que nació, creció, se crió con su perfecta familia italiana en un ambiente de lo mas americano, tocó el piano, se enamoró, fue rechazada y sufrió bullying por no ser la típica 'barbie' de si instituto... Tantas cosas. Sin saber como, estaba ya caminando por una de las calles que conducían hacia un pequeño mirador del puerto. Todo se le venía a la cabeza, estaba desconcertada. ¿Era un sueño? No creía. Se llevaba las manos a la cabeza mientras reía sola, las lagrimas cesaban. Su sueño, su jodido sueño era real.
En ese momento pasó un coche a todo volumen por su lado. Queen, Radio Ga Ga.

sábado, 12 de mayo de 2012


Nuevamente lloraba. Nuevamente saboreaba aquellas lágrimas saladas que recorrían sus sonrojadas mejillas. Sus ojos, aparte de ser como el mar, estaban hinchados y las venas se hacían notar en el lacrimal. Su nariz moqueaba. Le dolía la cabeza y los Ibuprofenos se le habían acabado. Adoraba automedicarse de Ibuprofenos por cualquier cosa, tal vez por que era la pastilla mas asequible a él y la que siempre tomaba de pequeño. Los análisis ya le daban malos resultados en los glóbulos rojos, pero el siempre tomaría aquella pastilla de seiscientos miligramos de color blanco y un sabor un poco amargo pero dulce con agua.

 Parece mentira como una persona puede llegar a sentirse intimidada por gritos, por chantajes emocionales y maltrato psicológico mas que por palizas de llegar a sangrar por la nariz y no poder decírselo a nadie por que toda tu vida se desmoronaría. Sin duda, él sabia que era diferente. En muchos sentidos. Y que tal vez su infancia no había sido la mas feliz de todas. Pero tampoco la mas triste ya que la inocencia de un niño siempre prevalece. Aparte, ese niño lloraba por preguntas sin respuesta, lloraba por cosas que no llegaba a entender, por cosas que le asustaban, por cosas que le hacían.

Nadie sabía nada de él, básicamente sus amigos le conocen tras una sonrisa, en ocasiones fingida debido a las circunstancias y no querer amargar a la gente con su mierda vida. Ese niño lloraba, pero el actual adolescente lloraba más. Lloraba mas por el simple hecho de que todas esas preguntas tenían respuesta, lloraba por que tenía que enfrentarse a cosas que no sabía como manejar, lloraba por tantas cosas... Sin duda la peor sensación que puede llegar a pasar una persona es aquella de sentir como te aprieta el pecho, se te agota el aire, y las lágrimas asoman por tus párpados.

 Te sientes muy impotente. Él ya mas o menos la remediaba, pero todas esas imágenes estarán grabadas en su mente hasta que llegue la irremediable muerte, o un día, lamentablemente, se le crucen los cables y se suicide. El suicidio, la muerte mas taboo de todas. La que nos da mas miedo, y la que nos parece la mas extraña. ¿Por qué? Quien sabe, a lo mejor no sabes interiorizar los sentimientos de una persona que decide quitarse la vida. La mayoría son víctimas de la locura, pero también hay un porcentaje de gente que es víctima de la locura de otras personas de su entorno. Esa locura, les aplasta, les corroe, los mata. También hay un pequeño porcentaje de gente, en las que me encuentro yó y se encuentra este chico, que se sienten atraídas por el morbo que envuelve al mundo de la muerte, y las cosas oscuras. ¿Somos unos amargados? ¿Unos deprimidos?

Puede, pero creo que no del todo. Por que ese chaval tiene la sonrisa mas bella del mundo y nunca la perderá y aunque haya estado al borde del suicidio siempre valorará el regalo mas inexplicable de todos. La vida. Todas las preguntas sin respuesta crean un silencio incómodo en su mente. Ya han pasado como unos veinte minutos. Es hora de rellenar el pastillero. En su interior, ingredientes creados para personas que no han aprendido a vivir la vida; y pastillas claro está. Antidepresivos, muchos. Pero también se compone de pastillas para la tensión y diversas carencia hormonales y corporales, aparte de chorradas vitamínicas y diversas mierdas.

Era un sinfín de formas, nombres, cajas, colores, huecos que rellenar. Es muy triste que te tengas que tomar pastillas conscientemente por que sabes que estás mal de la cabeza. Pero es lo que nuestra sociedad ha creado para que personas locas, nunca sean víctimas del suicidio. En ese momento empezaba a apretar minuciosamente cada pastilla contra aun hueco determinado. Comenzaba a matarse, comenzaba a suicidarse.

martes, 8 de mayo de 2012


Ya era de noche. Tan de noche que en aquel parque temático el reflejo de la luz de la luna se proyectaba sobre las encerradas olas del delfinario. Yo, como siempre llevaba mi típico traje de neopreno y el pelo alborotado de tantos shows seguidos en tan poco tiempo. Mi trabajo en sí es agotador. Pero no hay nada tan reconfortante como sentirte en compañía de la noche, y estos seres que siempre tienen rostro de sonreír. Ellos, me han acompañado siempre, desde que entré aquí en prácticas de la carrera de veterinaria. Ser cuidador de delfines es uno de los sueños de muchos niños. Pero quien sabe, a lo mejor son ellos quienes ahora me cuidan todos los días en los que nadie sabe por que no sonrío. Son ellos quienes saben camuflar mis lágrimas en este mar artificial de cientos de metros cuadrados. Son ellos quienes hacen que guarde los nervios ante miles y miles de personas cada día. Son tantas cosas, son delfines. Yo diría que hasta son humanos.


miércoles, 2 de mayo de 2012

Aquel tren de alta velocidad ya estaba empezando a acelerar hasta el punto que el pecho se apretaba al respaldo de aquel asiento de clase turista de ventana. Si te fijabas por la ventana, ya los edificios de las lejanías de Madrid iban ocultándose entre un paisaje basado en suaves colinas verdes intercaladas con pequeños pueblos pintorescos basados en un campanario en el medio rodeados de pastos y parcelas de animales. Ese día llovía. A él le gustaba la lluvia, quizás sera por que en ella, estando en la calle llorando se podían camuflar sus lágrimas. O quizás por que simplemente le gusta el mal tiempo y la belleza y el aire limpio o el simple paisaje que evoca una lluvia. Los árboles que pasaban cerca de aquellas vías electrificadas se veían entre escabrosa velocidad, y las gotas de lluvia se pegaban en los cristales de su ventana. Pero al instante, estas intentaban huir en dirección contraria de su mirada por la velocidad del tren. 


El vagón estaba prácticamente vacío. En su pequeño compartimento no había nadie. Al entrar solo se pudo fijar en trajeado ejecutivo que poblaba la estancia de al lado, y una señora entrada en años pero que se conservaba bastante bien. El joven iba entretenido, o mejor dicho embobado, en el paisaje apoyado con su cabeza en la ventana. El tren era tan moderno que no se sentía ni el traqueteo. Era un silencio difícil. El viaje, quizás aburrido. Un viaje, quizás con mucho trasfondo detrás. La amable azafata ya le había traído lo pedido: un botellín de minibar de vodka blanco con una lata de té helado. Se lo había bebido de golpe mientras el tren estaba saliendo de Atocha. Los estragos del alcohol ya se estaban haciendo presentes en su cabeza, pero muy levemente. La pena es que no podía fumar en unas dos horas y media de trayecto. En su mochila, todo lo necesario para empezar nueva vida en Barcelona. En Madrid, un pasado oscuro, muchas muchas lágrimas y sobretodo lo que mas echaría de menos, sus amigos. A los que nunca dijo nada de su problema y se pasó toda su juventud disfrazándose en falsas sonrisas.