Su antebrazo ya estaba rojo de tanto conducir a la luz del sol. No sabía los kilómetros que llevaba recorridos, simplemente quería huir. Su salida fue brusca, y quizás mas violenta de la que él querría haber realizado, pero es uno de los hombres más impulsivos que he visto nunca la verdad. En sus ojos, cansancio. De conducir, y de la vida en general. Solo diecinueve años, y sin rumbo en el viejo coche de su padre. En el maletero, nada. Bueno, su mochila con lo básico. Solamente se ausentaría durante unas semanas, lo suficiente como para olvidar e intentar reamueblar sus ideas. Esa escena le duele mucho. Nunca quiso presenciarla, pero su mente es retorcida; y sobretodo celosa. Es su amiga, bueno. Era su amiga, lo sabía. Pero ese beso, ese beso le partió el alma. Daría sudor y lágrimas por comprarse una máquina en el tiempo y volver atrás y reconstruir cada error cometido por su inmadura cabeza. Celos, celos y más celos. Eso es lo que ha sido su bendito problema, no solo ese. La maldita obsesión por cosas absurdad, sinsentidos. Se ha cargado toda su adolescencia, piensa. Pero está a tiempo de comenzar, lo sabe. No todo se arregla con perdones, está claro. Reconstruir un edificio en ruinas cuesta mucho esfuerzo, y muchas personas. El cartel indicaba que se salía de los límites del estado.


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