La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Aquel tren de alta velocidad ya estaba empezando a acelerar hasta el punto que el pecho se apretaba al respaldo de aquel asiento de clase turista de ventana. Si te fijabas por la ventana, ya los edificios de las lejanías de Madrid iban ocultándose entre un paisaje basado en suaves colinas verdes intercaladas con pequeños pueblos pintorescos basados en un campanario en el medio rodeados de pastos y parcelas de animales. Ese día llovía. A él le gustaba la lluvia, quizás sera por que en ella, estando en la calle llorando se podían camuflar sus lágrimas. O quizás por que simplemente le gusta el mal tiempo y la belleza y el aire limpio o el simple paisaje que evoca una lluvia. Los árboles que pasaban cerca de aquellas vías electrificadas se veían entre escabrosa velocidad, y las gotas de lluvia se pegaban en los cristales de su ventana. Pero al instante, estas intentaban huir en dirección contraria de su mirada por la velocidad del tren. 


El vagón estaba prácticamente vacío. En su pequeño compartimento no había nadie. Al entrar solo se pudo fijar en trajeado ejecutivo que poblaba la estancia de al lado, y una señora entrada en años pero que se conservaba bastante bien. El joven iba entretenido, o mejor dicho embobado, en el paisaje apoyado con su cabeza en la ventana. El tren era tan moderno que no se sentía ni el traqueteo. Era un silencio difícil. El viaje, quizás aburrido. Un viaje, quizás con mucho trasfondo detrás. La amable azafata ya le había traído lo pedido: un botellín de minibar de vodka blanco con una lata de té helado. Se lo había bebido de golpe mientras el tren estaba saliendo de Atocha. Los estragos del alcohol ya se estaban haciendo presentes en su cabeza, pero muy levemente. La pena es que no podía fumar en unas dos horas y media de trayecto. En su mochila, todo lo necesario para empezar nueva vida en Barcelona. En Madrid, un pasado oscuro, muchas muchas lágrimas y sobretodo lo que mas echaría de menos, sus amigos. A los que nunca dijo nada de su problema y se pasó toda su juventud disfrazándose en falsas sonrisas. 

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