La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.

lunes, 23 de julio de 2012

Alicia Rubio.


Como era de costumbre, estaba sentada en su pupitre. Y como también era de costumbre, estaba un poco nerviosa. Era tímida, pero cuando se desenvolvía en su funda, era la mujer más bella del mundo en todos los sentidos. Ese pelo moreno, ese pelo rizado, ese cuerpo; hacían de ella una mujer de puros rasgos mediterráneos. Centrándonos en su cuerpo, tenía cuerpo de bailarina, una bailarina de ballet que en ratos libres ensayaba haciendo puntas en su dormitorio. Su nariz respingona, y su amplia y blanca sonrisa destacaban en su rostro. En ese instante el profesor entraba por su pasillo de pupitres. Con su mirada seria e inexpresiva para algunos y sonriente para otros, repartía los exámenes entre alegrías y penas. Cada paso que el anda, era un latido más intenso en el corazón de aquella chica. Era su turno. El profesor dejó la hoja de aquel examen dada la vuelta, en blanco. Casi temblando la dio la vuelta. Casi temblando se quedó al ver que al dar la vuelta a la hoja, seguía en blanco. Estaba confusa. Repitió la acción un par de veces para asimilar que, ese examen que había rellenado milimétricamente estaba en blanco por las dos caras. Todavía no se lo creía. Todavía no se creía que, en ese mismo momento estaba en su oficina. Sentada en su despacho con una nube a su alrededor basada en dinero, e inglés. Mucho inglés. Desde aquel despacho situado en cualquier alto piso de cualquier oficina de Madrid, o Dios sabe dónde. Pero enfrente suya, en su pantalla de ordenador, lo que estaba en blanco era un nuevo documento. Un documento Word. Y se titulaba, Carta de dimisión. 

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