La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.

domingo, 22 de julio de 2012

Wellcome Home.


La rodeaban sus tres maletas, las cuales eran altas hasta el punto que la superaban la cintura. Estaba sola, pero a su alrededor la multitud y ese ensordecedor ruido de una ajetreada estación de metro en Londres la envolvían en un halo invisible. Estaba sentada en el suelo, en una esquina de los extremos del andén. Estaba en la Picadilly Line, la azul, es que une el aeropuerto con el centro de la capital británica. Se había bajado del tren sin motivo aparente, no sabía a que parte de la ciudad ir. Ir, y empezar una nueva vida. Se levantó. En ese momento el andén estaba con pocas personas, y se dirigió al mapa. 

Esa ciudad superaba Madrid casi cuatro veces, o incluso cinco. Cientos de barrios, cientos vidas, cientos de decisiones por tomar. En ese momento clavó su mirada en Oxford Circus ¿El centro? Ni de coña, es demasiado caro. Pero tampoco se podía permitir un barrio acomodado o de clases medias, sus ingresos de estudiante española no la podían permitir ese tipo de lujos ingleses. Se acordaba de ella, esos Veranos, esos amigos, esas familias, esos recuerdos en Inglaterra y esas ganas de vivir allí de la forma que la enamoró todo. Sacó su cartera, mierda ¡Lo tenía todo en Euros todavía! Bueno, de momento en sus manos tenía aquel billete de metro con destino indefinido. Pero… ¿Indefinido del todo? Quién sabe. 

El andén se estaba abarrotando de nuevo y tan despistada ella, se acordó de sus maletas en la otra punta de la plataforma. La megafonía ya anunciaba la entrada del nuevo convoy, como siempre los ingleses dando todo detalle de todo, y para todo. Ya estaba acostumbrada, y la fascinaba. Corría esquivando turistas, gente vestida extravagantemente (para España), ancianos, ejecutivos… y de su boca un educado ‘excuse me’. Allí estaban sus maletas, intactas pero con ciertas miradas de sospecha y duda clavadas en ellas. Pero, había algo que no encajaba. Ese chico, no lo había facturado en Barajas, pero estaba sentado al lado de sus tres maletas. Ese chico era guapísimo. Al verla llegar, lo primero que salió de su típico rostro inglés de ojos azules y pelo rubio fue una preciosa sonrisa y un educado: 

‘Excuse me, but, where are you going to go?’ 


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