La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.

martes, 25 de septiembre de 2012


Sonreía. Habían pasado todos los años que hubieran pasado, pero al fin estaba sonriendo. Ya era de noche, y como de costumbre estaba lloviendo. Era Londres, nada del otro mundo. La calle de aquél típico barrio británico de chalets estaba a penas alumbrada por las tímidas luces de las casas, y alguna que otra parpadeante y averiada farola. La estación de metro cerraba justo al instante que el llegó a aquella céntrica avenida de la City, donde estaba aquel pub. Media noche, era. Madrugada, era ahora. Su mente solo estaba en todo lo que había vivido aquella media noche. La volvió a ver, esa sonrisa, esos ojos marrones, ese pelo rubio ceniza que le llegaba hasta media espalda, su estilo de ropa anclado en el pasado. Un pasado dorado, los Años 60, del que nunca quisieron despedirse ninguno de los dos.


 Había vivido felices, si. Viven felices, si. Pero aquel pub, no cambió nada en esa temporada. La misma camarera arrogante, y las mismas cervezas frías acompañadas de unos insípidos cacahuetes sin sal. Habían pasado quince años. Quince historias, quince momentos, quince vidas. Pero en ese periodo, ninguno de los dos olvidaría aquella promesa de volver a verse en 1973, por, quien sabe, si se acaba el mundo; o por el simple hecho de charlar un rato, o lo que quieras tú pensar. Aquel hombre ya entrado en años, hacía el mismo viaje de madrugada cada año, recordando como el amor de su vida, le dijo aquella noche, que no le quería ver nunca más.


martes, 18 de septiembre de 2012


Aquella fiesta era sublime. Todos reían, todos hablaban de temas de actualidad, camareros, barra libre, el jardín lucía en todo su esplendor de media noche. Las señoras, por un lado. Sus charlas alegres, basadas en noticias de prensa amarilla de la 'jet set' del momento. Cada una, con un vestido que superaba al anterior, en dinero. Todas las marcas imaginables, se podían ver como si se tratara de una pequeña pasarela en aquel jardín de aquella mansión. Los hombres, también trajeados, abordaban temas de actualidad económica o deportiva. Conversaciones, si, pero llenas de falsa risa e hipocresía por doquier. Ella, no aguantaba más. Se retiró de un grupo en el que ni prestaba caso a la conversación y se limitaba a sonreír, y asentir. Estaba sola, metida en sus sentimientos hasta el punto de llorar. En aquella apartada silla del jardín, podía ver a su marido. Él, era el centro de un corrillo formado por mujeres sonrientes y sus correspondientes maridos que le seguían el hilo de la conversación. No aguantaba más. Se desabrochó las apretadas cremalleras de su vestido, encendió un cigarrillo en una mano, y en la otra terminó de beber la última copa de champán de aquella noche. Sin despedirse de nadie, ni su marido, salió de aquella mansión. Cogió su coche, y huyó. No aguantaba más aquella vida amueblada al gusto de sus padres en un pasado, con unas estrictas normas, protocolo, y sobretodo, dinero. No cogió la autopista de vuelta a casa, no. Terminó tirándose con el coche por los acantilados de aquella zona costera. Murió, victima de la cúspide de nuestro sistema.



miércoles, 12 de septiembre de 2012

Alicia Rubio.

Las sonrisas de despedida adornaban la pequeña sala. Ella, se quedaba sola ¿Sola? No, cada postura era un mundo, era un pensamiento. Cada salto, era una historia. Cada punta, era una meta a superar. Su cara inexpresiva de concentración, demostraba madurez. Pero nunca se desprendía de su toque infantil, inocente. El que todos nunca debemos perder. Estaba cansada, pero ella seguía entrenando para el gran día. Las luces de la calle, ya daban presencia de que era tarde. Se sentó un momento en el suelo a beber agua. Ese momento terminaron siendo unos cuantos minutos, apoyando su cabeza sobre las rodillas. Las lágrimas estaban acompañadas de una media sonrisa que expresaba un ´¿qué narices hago?'. Miró su móvil, era más tarde de lo que ella esperaba. Desactivó Internet, necesitaba estar completamente sola. Apagó las luces. A oscuras, lo único que alumbraba era la pequeña brasa del cigarro que poco a poco secaba sus labios, la relajaba, e inundaba se cabeza de un mundo del que solamente sabía ella. Estaba tranquila, pero no desconectada del mundo. Simplemente se aislaba de él. Abrió su mochila y esquivando la oscuridad, se bebió una Coca Cola.

Ya había pasado una hora. En el centro de danza no había nadie. Bueno, nadie no. En la sala, justo en el medio del parqué, había un folio. Al lado de un folio, un tu-tú, unos zapatos y una cinta. En el folio, solo había un simple adiós. Ella, estaba en el metro. Miraba su reflejo en la ventana de enfrente, estaba sonriendo. 

sábado, 8 de septiembre de 2012


Llovía. El asiento era confortable. Estaba cómoda, y cansada. Su mirada se perdía entre las luces de la noche del skylane de la ciudad. Las que más la llamaban la atención, eran las de la pista de aterrizaje. Los aeropuertos, son lugares mágicos, de noches son más. Idas, venidas, abrazos, despedidas, gente con ganas de empezar de nuevo, o sin ganas de empezar nada, ejecutivos, mil idiomas, mil destinos...


El avión estaba prácticamente vacío, y según parecía, viajaba sin acompañante. Era lo que caracterizaban algunos vuelos de madrugada. Aunque, no viajaba sola. Viajaba ella misma, viaja con su historia, viajaba con su vida, viajaba son sus recuerdos, con sus traumas, con sus sonrisas, y alegrías.


Viajaba, a Inglaterra. Ese país, le conocía de pasar algunos veranos de su vida. Esa vida, que tanto la había cambiado, y en la que tanto había aprendido. Aprender, a base de sufrir y sonreír. El avión ya empezaba a moverse hacia la pista. Su mirada, en la noche. En las luces. Su mente, en su todo. Cerraba los ojos mientras apoyaba la cabeza en la ventanilla ¿Lloraba? Si ¿Sonreía? También. Los motores, ya cogían velocidad.

 Desde siempre la gustaba esa sensación. El avión con más fuerza iba recorriendo la pista, iba levantando su morro. Abría los ojos, miraba por la ventana. Su mirada, Madrid. Su mente, en su todo. Su mirada, iluminada con una sonrisa, con una pequeña lágrimas que daba el toque final de un precioso comienzo.


miércoles, 5 de septiembre de 2012


Su mirada estaba perdida. Bueno, más que perdida no estaba centrada en ningún punto en concreto. Su leve mueca de tristeza en los labios la delataba. Cuando algo la sorprendía, cualquier ruido, giraba bruscamente el cuello y su mirada se tornaba hacia la agresividad. Esos ruidos eran simples pájaros, o chasquidos de los muebles. Afuera, estaba a punto de llover. Las nubes grises casi negras, iban cubriendo la ciudad. Desde ese ático, se podía divisar una pequeña parte del skylane de Madrid. Daba vistas a la zona de Plaza de España y  la mitad de Gran Vía. Hay gente que prefiere Madrid con lluvia, por que es más bello. Ella era de esas personas. Justo cuando se fijaba que por la ventana ya se estampaban pequeñas gotas, que las siguieron otras con más intensidad, se levantó de aquel sillón moderno de su salón. Se acercó al cristal, se encendió un cigarro. Lo fumaba, lo quemaba, lo disfrutaba. Abrió una cerveza. La saboreaba, la disfrutaba, la emborrachaba. Quemaba sentimientos, y encerraba recuerdos en aquellas latas de hojalata. Antes había bajado el volumen de su altavoz del iPod. Se acercó, y desde ese momento Madrid se quedó sordo. Solo se escuchaba su música. Esa balada de música alternativa, la hacía pensar en nada y pensar en todo. Música de claves tristes acompañada con una melodía lenta estilo Años Sesenta. Había sufrido, si. Pero esa mujer, era fuerte y era bella. Vestida con su vestido elegante, con un cigarro el mano, una cerveza en la otra, los oídos en la música, y la mirada en un Madrid lluvioso; esa mujer había decidido cambiar algo de su vida.