El avión estaba prácticamente vacío, y según parecía, viajaba sin acompañante. Era lo que caracterizaban algunos vuelos de madrugada. Aunque, no viajaba sola. Viajaba ella misma, viaja con su historia, viajaba con su vida, viajaba son sus recuerdos, con sus traumas, con sus sonrisas, y alegrías.
Viajaba, a Inglaterra. Ese país, le conocía de pasar algunos veranos de su vida. Esa vida, que tanto la había cambiado, y en la que tanto había aprendido. Aprender, a base de sufrir y sonreír. El avión ya empezaba a moverse hacia la pista. Su mirada, en la noche. En las luces. Su mente, en su todo. Cerraba los ojos mientras apoyaba la cabeza en la ventanilla ¿Lloraba? Si ¿Sonreía? También. Los motores, ya cogían velocidad.
Desde siempre la gustaba esa sensación. El avión con más fuerza iba recorriendo la pista, iba levantando su morro. Abría los ojos, miraba por la ventana. Su mirada, Madrid. Su mente, en su todo. Su mirada, iluminada con una sonrisa, con una pequeña lágrimas que daba el toque final de un precioso comienzo.





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