Aquella fiesta era sublime. Todos reían, todos hablaban de temas de actualidad, camareros, barra libre, el jardín lucía en todo su esplendor de media noche. Las señoras, por un lado. Sus charlas alegres, basadas en noticias de prensa amarilla de la 'jet set' del momento. Cada una, con un vestido que superaba al anterior, en dinero. Todas las marcas imaginables, se podían ver como si se tratara de una pequeña pasarela en aquel jardín de aquella mansión. Los hombres, también trajeados, abordaban temas de actualidad económica o deportiva. Conversaciones, si, pero llenas de falsa risa e hipocresía por doquier. Ella, no aguantaba más. Se retiró de un grupo en el que ni prestaba caso a la conversación y se limitaba a sonreír, y asentir. Estaba sola, metida en sus sentimientos hasta el punto de llorar. En aquella apartada silla del jardín, podía ver a su marido. Él, era el centro de un corrillo formado por mujeres sonrientes y sus correspondientes maridos que le seguían el hilo de la conversación. No aguantaba más. Se desabrochó las apretadas cremalleras de su vestido, encendió un cigarrillo en una mano, y en la otra terminó de beber la última copa de champán de aquella noche. Sin despedirse de nadie, ni su marido, salió de aquella mansión. Cogió su coche, y huyó. No aguantaba más aquella vida amueblada al gusto de sus padres en un pasado, con unas estrictas normas, protocolo, y sobretodo, dinero. No cogió la autopista de vuelta a casa, no. Terminó tirándose con el coche por los acantilados de aquella zona costera. Murió, victima de la cúspide de nuestro sistema.
La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.
martes, 18 de septiembre de 2012
Aquella fiesta era sublime. Todos reían, todos hablaban de temas de actualidad, camareros, barra libre, el jardín lucía en todo su esplendor de media noche. Las señoras, por un lado. Sus charlas alegres, basadas en noticias de prensa amarilla de la 'jet set' del momento. Cada una, con un vestido que superaba al anterior, en dinero. Todas las marcas imaginables, se podían ver como si se tratara de una pequeña pasarela en aquel jardín de aquella mansión. Los hombres, también trajeados, abordaban temas de actualidad económica o deportiva. Conversaciones, si, pero llenas de falsa risa e hipocresía por doquier. Ella, no aguantaba más. Se retiró de un grupo en el que ni prestaba caso a la conversación y se limitaba a sonreír, y asentir. Estaba sola, metida en sus sentimientos hasta el punto de llorar. En aquella apartada silla del jardín, podía ver a su marido. Él, era el centro de un corrillo formado por mujeres sonrientes y sus correspondientes maridos que le seguían el hilo de la conversación. No aguantaba más. Se desabrochó las apretadas cremalleras de su vestido, encendió un cigarrillo en una mano, y en la otra terminó de beber la última copa de champán de aquella noche. Sin despedirse de nadie, ni su marido, salió de aquella mansión. Cogió su coche, y huyó. No aguantaba más aquella vida amueblada al gusto de sus padres en un pasado, con unas estrictas normas, protocolo, y sobretodo, dinero. No cogió la autopista de vuelta a casa, no. Terminó tirándose con el coche por los acantilados de aquella zona costera. Murió, victima de la cúspide de nuestro sistema.
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