Su mirada estaba perdida. Bueno, más que perdida no estaba centrada en ningún punto en concreto. Su leve mueca de tristeza en los labios la delataba. Cuando algo la sorprendía, cualquier ruido, giraba bruscamente el cuello y su mirada se tornaba hacia la agresividad. Esos ruidos eran simples pájaros, o chasquidos de los muebles. Afuera, estaba a punto de llover. Las nubes grises casi negras, iban cubriendo la ciudad. Desde ese ático, se podía divisar una pequeña parte del skylane de Madrid. Daba vistas a la zona de Plaza de España y la mitad de Gran Vía. Hay gente que prefiere Madrid con lluvia, por que es más bello. Ella era de esas personas. Justo cuando se fijaba que por la ventana ya se estampaban pequeñas gotas, que las siguieron otras con más intensidad, se levantó de aquel sillón moderno de su salón. Se acercó al cristal, se encendió un cigarro. Lo fumaba, lo quemaba, lo disfrutaba. Abrió una cerveza. La saboreaba, la disfrutaba, la emborrachaba. Quemaba sentimientos, y encerraba recuerdos en aquellas latas de hojalata. Antes había bajado el volumen de su altavoz del iPod. Se acercó, y desde ese momento Madrid se quedó sordo. Solo se escuchaba su música. Esa balada de música alternativa, la hacía pensar en nada y pensar en todo. Música de claves tristes acompañada con una melodía lenta estilo Años Sesenta. Había sufrido, si. Pero esa mujer, era fuerte y era bella. Vestida con su vestido elegante, con un cigarro el mano, una cerveza en la otra, los oídos en la música, y la mirada en un Madrid lluvioso; esa mujer había decidido cambiar algo de su vida.
La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Su mirada estaba perdida. Bueno, más que perdida no estaba centrada en ningún punto en concreto. Su leve mueca de tristeza en los labios la delataba. Cuando algo la sorprendía, cualquier ruido, giraba bruscamente el cuello y su mirada se tornaba hacia la agresividad. Esos ruidos eran simples pájaros, o chasquidos de los muebles. Afuera, estaba a punto de llover. Las nubes grises casi negras, iban cubriendo la ciudad. Desde ese ático, se podía divisar una pequeña parte del skylane de Madrid. Daba vistas a la zona de Plaza de España y la mitad de Gran Vía. Hay gente que prefiere Madrid con lluvia, por que es más bello. Ella era de esas personas. Justo cuando se fijaba que por la ventana ya se estampaban pequeñas gotas, que las siguieron otras con más intensidad, se levantó de aquel sillón moderno de su salón. Se acercó al cristal, se encendió un cigarro. Lo fumaba, lo quemaba, lo disfrutaba. Abrió una cerveza. La saboreaba, la disfrutaba, la emborrachaba. Quemaba sentimientos, y encerraba recuerdos en aquellas latas de hojalata. Antes había bajado el volumen de su altavoz del iPod. Se acercó, y desde ese momento Madrid se quedó sordo. Solo se escuchaba su música. Esa balada de música alternativa, la hacía pensar en nada y pensar en todo. Música de claves tristes acompañada con una melodía lenta estilo Años Sesenta. Había sufrido, si. Pero esa mujer, era fuerte y era bella. Vestida con su vestido elegante, con un cigarro el mano, una cerveza en la otra, los oídos en la música, y la mirada en un Madrid lluvioso; esa mujer había decidido cambiar algo de su vida.
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