¿Otra vez lo mismo? Enserio, iros todos a la mierda. Se levanto de la mesa sin decir absolutamente. Les dejo en compañía de sus gritos e insultos. Entro en su cuarto.
La Blackberry como siempre con la luz roja. No contestó a nadie, simplemente la apago y se quito el pijama al mismo tiempo que se ponía ropa de calle improvisada. Daba igual lo que se estuviera poniendo, tenia que salir de allí y rápido. Estaba nervioso, nuevamente iba a llorar.
Nada pegaba con nada, no se miro ni el espejo, ya lo haría en el ascensor. Móvil, llaves y cartera. Lo tenia todo. Abrió la puerta del salón.
- !!Hijo de puta¡¡ -Daba un puñetazo en la frágil mesa de cristal, algún día se rompería, estaba seguro- ¡¡Como puedes ser tan mentiroso!!
- ¿¡Mentiroso yo?!-Levantaba la mano amenazante-¡¡ Cállate puta loca !!
- Me voy a dar una vuelta ¿vale? -Interrumpió en aquel caos tan violento.
- ¿A estas horas?
- Me da igual, no quiero estar aquí por favor, entenderme.
Su madre con esa cara típica de mala ostia se levantó a pegarle, el no hizo nada. Se tiro al suelo cubriendo su rostro con sus manos.
Una, dos, tres... ya había perdió la cuenta, le dolía la cara, en especial la nariz; esperaba no tener sangre. Su padre a lo lejos, contemplaba la escena inmune, sin hacer nada al respecto. La mirada entre lagrimas, rojeces y algo de sangre que le salia de la nariz no le daba ninguna pena o eso parecía.
Ya tenia pensado en ir a dar una vuelta despejarse, pero esa vez necesitaba huir de verdad, y bien lejos de todo. Las lagrimas le inundaban las cuencas de los ojos. Retorciendo los brazos de su madre la terminó apartando de el. Con habilidad y rapidez cogió el pomo de la puerta principal y lo giro. Cerró la puerta de un portazo. Dentro dejaba de moradores a sus queridos padres. Les odiaba.
Es muy triste cuando tu hijo por las mañanas te da besos de despedida sin ningún tipo de sentimiento cariñoso, pero era su obligación.
El ascensor ya subía. En el descansillo solamente se escuchaban los retumbos de los gritos y los golpes que estaban encerrados en su casa.
¡Plin! -Ya estaba allí el ascensor. Ya tenia la mano en la puerta, tenia que salir pitando de aquel infierno.
-Que asco doy joder- Dijo mirándose al espejo llorando muy nervioso. Se peino levemente el pelo con su mano, tenia restos de laca. No se había lavado los dientes y tenia restos de mascarilla por una zona de su pómulo. Cogió un poco de saliva y se lo quitó. Pena era que las lagrimas no se podían quitar con saliva.
Ya estaba en el ultimo piso. Salíó del ascensor colándose con prisa entre las puertas. Corriendo abrió el portal y tras esquivar a un par de vecinos estaba en la calle.
El y la noche, una vez mas se casaban para no perder esa guerra. Solamente tenia que sobrevivir. Le dolía el pecho, le dolía el corazón, los ojos estaban acompañados de legañas y lagrimas. Es muy triste vivir y acostumbrarse a una sensación de tristeza continua maquillada de felicidad que de una forma u otra termina reventando en el pecho. Es como si los pulmones se bloquearan y no te dejaran respirar al mismo tiempo que por tus ojos brotan lagrimas. Es lo peor del mundo, pero él ya estaba muy acostumbrado.
La calle estaba vacía, no había nadie. Las farolas iluminaban cada diez metros su travesía. Ya no corría, andaba. Ya no lloraba, se retiraba las legañas. Los pulmones apretaban en su pecho. No quería pensar en nada, solamente en que a esas horas, de una forma u otra y solo por la calle estaba a salvo de todo peligro.
No tenia ningún miedo. Era relativamente pronto comparado con otras veces que se había escapado de casa.
La Blackberry estaba con batería baja, pero da igual, tenia que llamar a ese teléfono.
- (bip)
- (bip)
- Joder... - Estaba nervioso e impaciente. En ese preciso instante estaba sentado en la escalinata de los juzgados de su ciudad, consideraba que era el lugar mas seguro a esas horas y el mas resguardado.
La voz de una chica le devolvió al mundo.
- Teléfono del Menor. Buenas noches.
- ...
- Buenas noches ¿en que puedo ayudarle?
Su voz era tranquila, dulce y le transmitía seguridad. Estaba a salvo.