La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.
martes, 6 de marzo de 2012
Móvil, llaves, bolso... lo tenia todo. Tras haberse emperifollado unos minutos en el espejo del ascensor, salió a la calle y sin mas rumbo que otro se fue rápidamente a la estación de metro mas cercana. La ciudad en esos momentos estaba descansando, o algunos mas tardones todavía comiendo. Pero en esa calurosa sobremesa, en la que las estaban vacías, aquella chica había tomado la decisión mas valiente de su vida.
El andén ya temblaba; con la chirriante armonía el metro se paraba en la estación, la megafonia hacia anuncio de su presencia.
Ella seguía pensativa en sus pensamientos. La oscuridad nublaba su mente, y el reciente fracaso en la Real Academia de Ballet la había arruinado la vida, o por lo menos, ella lo veía así.
Quien sabe, la vida es la vida, pero su inevitablemente su vida era por y para el ballet. No había vuelta atrás.
Dentro del vagón, busco el lugar mas alejado y solitario que se pudiera divisar. Afortunadamente el metro a esas horas no estaba demasiado saturado.
Tras haberse acomodado cerro sus claros y llorosos ojos. Su reflejo se plasmaba en la oscura ventana, que aspecto tan demacrado había llegado a conseguir, ni los drogadictos ni las putas, pensaba ella. Se daba pena, pero era lo que se merecía, o eso pensaba su retorcida mente.
Miro la hora en el luminoso de encima de las puertas. Era el momento. Se sabia el trayecto de memoria y tenia todos los puntos estudiados. En ese momento el subterráneo iba salir durante unos minutos a superficie y era lo que realmente estaba buscando. Tenia los segundos contados y rápidamente se dirigió a la puerta que comunicaba con el vagón contiguo y la abrió. El sonido del traqueteo del tren y el viento hizo que temiera mínima mente pero callo al suelo sin ningún rasguño.
Mientras el convoy se alejaba ella divisaba la ubicación elegida para su suicidio. Se colocó de rodillas en un cruce de vías y agacho la cabeza con sus brazos creando una especie de caparazón. Estaba asustada. Le temblaban las piernas y las lagrimas empezaban a brotar de sus parpados, empezó a rezar. Los raíles empezaban a vibrar suavemente. El tren se acercaba. Sus lagrimas crecían a llantos desgarradores y la vía cada vez vibraba mas fuerte. Tras diez segundos agonizantes, el tren empezó a tocar la bocina y la chica divisaba su fin. Pero el destino quiso lo contrario, el tren freno a tiempo salvando la vida de la joven. La chica se incorporó y boquiabierta quitándose las legañas de sus ojos contempló incrédula como aquel tren de una forma u otra, quiso salvarla la vida.
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