La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.

jueves, 22 de marzo de 2012

Lentos pasos, gran sonrisa.
Estefania por primera vez en semanas iba a quedar con un grupo de compañeros para tomarse una pizza en la pizzeria de la esquina. Estaba feliz, pero nerviosa al mismo tiempo. Cada cristal o simple transpaencia era escusa para mirarse durante unos pocos segundos y comprobar que estaba levemente bien maquillada y se pelo era impecable.

Comprobó su móvil. Estaba milimétricamente puntual, como siempre. Mientras se entretenía en el escaparate,  un grupo de chicos y chicas de su instituto. Como era de habitual se metieron con ella.
- ¿Que cojones haces en el Pizza's Men?
- Déjala, seguro que su amigo invisible o su madre tienen que hablar con ella.
Todos reían. Ella hacia el esfuerzo al que ya estaba costumbrada, tragarse las lagrimas.
- Lo que haga aquí desde luego a ti, ni a ti - señalando uno por uno - no os incumbe, iros a haceros fotos y fumar vuestra cachimba de mierda.
Todos se quedaron asombrados ante violenta contestación. ¿Enserio que esa niñata nariguda y morena con el pelo grasos había dicho eso? Imposible.
- Mira niñata de los cojones, que hoy hayas quedado con esos no significas que ya dejes de ser la puta marginada de todo el instituto ¿vale? - Le dijo uno de los tantos chicos que había en el grupo, con un tono agresivo y pinchando con su dedo en su hombro. Ella se apartaba, no quería que la hicieran daño.
- No es como para que te pongas así lo siento.
Siempre se perdonaba a ella misma, todo lo que hacia. Tenia miedo a que la volvieran a pegar. Desde entonces lo único que hacia era amagar la cabeza. Los consejos de su madre no servían de nada. Nunca nada sirve de nada, lo peor es vivirlo en propia persona.
- Bueno, las disculpitas te las ahorra ¿si? Venga, pasatelo bien con quien cojones quedes.
Todos se reían de ella mientras agitaban la mano con una amplia falsa sonrisa en su rostro.
Estefania estaba triste se le estaban saltando las lagrimas, quería esconderlas, pero no estaba lloviendo. Cogió su Blackberry y con algo de prisa y con unos pocos errores escribió con prisa un mensaje diciendo que no podía quedar.
Otra vez mas todo se habia jodido por ellos, por los de siempre, los que se metían con ella desde la primaria. Se miraba a ella misma, corriendo por esas calles de Nueva York resignada a que su única amiga iba a ser la música.

Habia atravesado el Central Park entero entre lagrimas corriendo, pasaba de coger un taxi, el bus o el jodido metro. Quería evadirse. En la cristalera justo antes de llegar a su pequeño apartamento cerca del Madisson SQ. Garden. Se peinó su moreno y negro pelo. Se retiraba las legañas.
Con llaves en mano e intentado disimularlo todo con una amable pero falsa sonrisa saludó a su hermana.
- ¿De donde vienes tan pronto? Hace una hora que saliste -Comentaba entre risas mientras se terminaba de maquillar en el espejo del hall.
- Nada, simplemente prefiero pasar la tarde tocando el piano, tocando alguna de mis canciones o componiendo alguna nueva. La profesora me exige un montón ya lo sabes.
- ¿¡ Prefieres tocar piano a tomarte una pizza?! Luego la rarita soy yo - Ya estaba lista, acaba de coger el bolso.
- Amar la música no es de raros - Dijo Estefania seria y contundente. No soportaba que nadie insinuara nada respecto a sus dotes musicales, sabia que era perfecta. O eso se creía.
- Bueno, bueno... no me pegues ¡eh! - Dándole un beso en la mejilla se despidió de ella. Su hermana era lista, y aparte de compartir el mismo instituto que ella, sabia todo lo que pasaba. - Te quiero, no lo olvides, dile a Cintia y papá que estaré para la cena con los abuelos ¿vale? Creo que la salsa de tomate para los espaguetis esta congelada, mira a ver.
- Vale, yo también te quiero - Despidiéndose con una amplia sonrisa.
Tras haber dejado todo en su cuarto, cogió un disco de TheQueen y lo puso a todo volumen y con su piano empezó a acompañar la melodía. Era feliz. Pero nunca olvidaría todo lo vivido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario