...En este mundo, encontrarás de todo.''
Así finalizaba aquel libro de unos cuantos de la montonera que pudo salvar de la biblioteca en llamas.
Por una parte se resignaba, acaba de terminar aquel libro, pero era un afortunado al tener aquellos libros en su pertenencia.
Se levantó de aquel viejo y piojoso sillón señorial, una antigüedad. A su alrededor, aparte del polvo y la suciedad que caracterizan una guerra, su gato; se le había acabado la comida.
Se aproximó a la parte trasera de su jardín.
Allí, aparte de parcelas de huerta sin cosechar para no comer nada, una impresionante y total vista de la ciudad. Era nuevamente afortunado, un afortunado solo.
Solo.
Solo comenzó a llorar. En sus ojos marcados por aquellas escenas empezaban a precipitarse las lagrimas. Una guerra nunca la olvida hasta el mas tonto del pueblo por muy tonto que sea.
Resignado, asustado y sobretodo triste, se llevaba las manos a la cabeza intentando ocultar sus ya no saldas lagrimas de cristal.
Aquel silencio agonizante, fue interrumpido nuevamente por cañones disparando a los rascacielos de la metrópoli.
Acaba de caer entera una de las torres del complejo administrativo. Desde la colina, podían escucharse las sirenas que advertían del peligro, aparte de aquellos penetrantes gritos que llegan a provocar dolor de cabeza.
Lo que aquel hombre no sabía, es que el siguiente edificio en caer de Sarajevo, iba a ser su casa.



No hay comentarios:
Publicar un comentario