El coche se detuvo al igual que la emisora de radio pop dejaba de sonar al mismo tiempo que quitaba la llave de contacto. Ya no lloraba.
La decisión le había costado lo suyo, estaba loco. Pero era su locura, era su asesinato.
Sus ojos estaban rojos, las legañas le cubrían todas sus mejillas sonrojadas. Estaba sudando, estaba realmente muy nervioso. Incluso a lo mejor la pesadilla iba terminarse dentro de poco y estaría en su placido cuarto con su desmembrada familia.
Pero no era así.
Se dirigió al maletero. Los golpes y los gritos sollozadores le desconcertaban al mismo tiempo que en su interior provocaban todo tipo de sentimientos.
Su idea de haber metido a los dos cuerpos, vivos, en dos sacos diferente y maniatados era la idónea para aquella violenta situación.
Sus brazos eran débiles, pero lo suficientemente fuertes como para bajar uno a uno los dos sacos.
Los dejó en el suelo. Era un poco difícil controlarlos ya que no paraban de moverse y sobretodo, pesaban. En su interior, sus padres, las almas que le habían dado la vida.
O mejor dicho, destrozado la vida.
En ocasiones la situaciones se nos va de las manos, esta era una de aquella situaciones.
Con las manos temblando y ya nuevamente con lagrimas aparte de sudor y sangre, cogió el revolver comprado ilegalmente en el mercado negro.
Comprobó minuciosamente intentando concentrarse al máximo de que el arma tenía balas suficientes.
Todo en su correcto orden. Los gritos e insultos que procedían de los sacos llegaban a sus odios. Intentaba pensar en otras cosas o simplemente cantar canciones en voz alta.
La luz de media noche, era realmente incómoda, pero lo suficientemente cómoda como para llegar a asesinar a tus padres.
Ya había cometido aquel atroz crimen, estaba sentado en su coche con la música a todo volumen en posición de ovillo al mismo tiempo que no dejaba de gritar ni llorar.
Ya estaba definitivamente, pero no lo suficiente como para llegar a explicarle a la policía lo acontecido.
Las luces azules y rojas ya habitaban entre los árboles del bosque, las sirenas, penetraban fuertemente en su cabeza.






No hay comentarios:
Publicar un comentario