Sus puntapiés cada vez eran mas fuertes contra el suelo. Su mirada centrada en cualquier parte de ese despacho de cualquier rascacielos de Nueva York parecía perderse entre decoraciones sin sustancia.
La impaciencia la iba a terminar matando. Cogió su bolso por si había alguna novedad en el dentro.
Su Blackberry no emetía ningún destello, el paquete de tabaco estaba por la mitad, maquillaje de sobra, el tampax... ¿y los condones? Luego los compraría. Se acababa de acordar de que esa misma noche, aparte de tocar en el mismo bochornoso club-pub del centro, al salir le esperaba su nuevo novio. Un día muy apretado para una mujer tan pequeñita como ella.
Mordiendo su pequeño y dulce labio teñido de rojo puta y sus ojos mirando hacia el techo pero sin ninguna dirección estaba al punto de un ataque de nervios.
Su cabello negro ocultaba tras unas gafas de sol años 80 de color rojo sus marrones ojos. Estaban empezando unas lagrimas que iban desde su rostro hasta el mar, pero solamente se quedaron en su rodilla camuflada por un vaquero ajustado pitillo.
Tras unos minutos de exhausta espera, los tacones y las risas de voz ronca acompañadas de piropos y bromas se iban aproximando a la puerta.
Ella solamente intentaba de camuflar sus lagrimas mientras los frenéticos ruidos típicos de una urbe tan bulliciosa urbe se colaban por la ventana. La puerta de abría.
- La verdad es que no hay remedio, ¡dila que nunca mas me vuelvo a fiar de ella! -Gordo, frente sudorosa y puro consumiéndose en sus agrietados labios. Era el director de la discográfica. Sus gafas estilo Jon Lenon hablaban por si mismas.
- De acuerdo -gran sonrisa entre dientes de marfil y cubiertas rojas- ¿Alguna cosa mas? -Anorexia hasta la ultima de sus venas, nicotina hasta la cejas, un master de Dirección de empresas y algo de vocación fracasada en sus sueños. Era la secretaria.
- Claro, puedes acompañarnos.- El hombre sonreía mientras sostenía su puro y señalaba un sillón justo al lado de Estefania.
Tras servir unos hielos en su vaso y llenarlo de penas, digo whisky. Comenzó aquel sueño craso.
El hombre comenzó a ojear los papeles que buscaba tras un rascacielos de folios justo al lado del sillón en el que se encontraba la secretaria. Ella inmóvil, con las piernas cruzadas y sus brazos sosteniendo un portafolios.
-Aquí están... Pensé que los habían perdido los de Nuevos Talentos.
Estefania sonreía tímida. La secretaria solo asentía a cualquier orden de su repelente jefe.
El hombre finalmente abrió su portail y puso la pequeña maqueta que hace un mes Estefania había enviado. Pulsó el play del tema.
El silencio se hizo presente, solamente era interrumpido por el ventilador de techo en el despacho y los ruidos que se colaban desde la calle.
-No pasa nada, lo importante es que mi música ha podido llegar a manos de alguien. Alguien que ''controla''- dijo con un tono algo sarcástico mientras cogía su CD de la mesa.
Tras una escueta despedida basada en un apretón de manos y sin cruces de miradas.
Estefanía baja por el ascensor desde la planta 55. Su autoestima ahora estaba por el subsuelo. Estaría mas por debajo que el túnel de la linea de metro mas antigua de Nueva York. Se quitó las gafas de sol para que este pudiera evaporar sus lagrimas al mismo tiempo que cogía su móvil, enviaba un sms a su madre diciéndola que otra vez no. En su mente tachaba una interminable lista de discográficas estadounidenses.
Una vez en la calle, se dispuso a buscar la boca de metro mas cercana, tenía que ir a una sesión de piano, teatro, ir a comprar ropa para el espectáculo, trabajar en el antro de mierda y como no, follar con su novio.



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