La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Winter please, be nice.

Invierno por favor, se bueno. Invierno, se bueno y acaríciame con tu frío. Mátame las manos con el calor de un café, o la brasa de una colilla a medio terminar. Disfrutar de esas tardes con complejo de noche, en las que te pierdes por las calles de un centro de Madrid oscuro. Invierno por favor, se bueno. Porque no tengo a nadie con quién compartirlo.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Calles marrones, cielos grises.

Otoño. Esa bella estación en la que las calles se tiñen de marrón y mis manos solo buscan el calor de una taza de café. Otoño. Mi estación favorita tal vez. Por el frío, por los días grises que me recuerdan a Londres, por los jerseys, por tus abrazos, tus besos y tus caricias... Juntos, sentir tu aliento enfrente del mío. Tu calor, es mi calor. Buscar nuestros refugios, o ir por la calle como si no nos importara que está lloviendo. Quizá no me guste mucho el calor o el Sol, y prefiera un buen azote de viento en la cara para evadirme de todo. O simplemente es que soy un antiguo de fotos en blanco y negro, un clásico. Un melancólico. Sea lo que sea, el Otoño, siempre será nuestra estación. Pero espera, no te bajes de ella. Aún me tengo que terminar de fumar este cigarrillo, para dejarme el sabor en los labios que tanto te gusta.


domingo, 2 de diciembre de 2012


Quizás lloraba, o quizás pensaba. O simplemente no quería pensar, para así no llorar más. Sus ojos ya habían tenido durante muchos años entre batallas, complejo de los canales de Venecia. En ese momento, como si de un rey a punto de abdicar en el trono se tratara, aquel chico estaba sentado en su asiento y su fila indicadas en aquel billete de avión destino a Londres. Puede que hubiera madurado muy rápido, a pasos agigantados privándose de aquella infancia, para ahora darse todas aquellas respuestas él solo. Era uno de esos chicos bohemios, que lloraba a cara descubierta, y mostraba sus sensibles sentimientos. Solo quería mirar hacía adelante, pero parecía tener unas cadenas ancladas al suelo. Ese suelo, esa base; era su pasado, sus secretos de ese pasado. El cual, había sabido taparlo muy bien con un sin fin de actuaciones en la vida, y sonrisas falsas. Los únicos buenos valores que tenía, eran por parte de sus amistades. Aquellas que le habían dado la oportunidad de abrirse y darse a conocer. Sus amigos le definían cómo una buenísima persona. Y todo aquello, era lo que le había dado tiempo a pensar mientras se fijaba en el reflejo de sus rostro plasmado en la ventanilla del avión. Tras esa ventanilla, su ciudad amaneciendo. Madrid. La ciudad de sus sueños rotos, cumplidos, pensados o simplemente soñados en compañía de cigarrillos, y su gente. En aquella había sido valientemente cobarde, simplemente trataba de olvidar. Lo cual se le daba bien, pero aún mejor en Londres. Esta vez, no se sabe bien si iba para olvidar, recordar o empezar algo nuevo. Lo único que sabía, es que la sensación que produce un avión al despegar, es muy parecida a cuando tienes ganas de llorar.

sábado, 24 de noviembre de 2012

La Oreja de Van Gogh.

Sus cafés iban acompañados de cigarrillos y sal, debido a sus ganas de llorar. Sus pies temblaban, se acercaba el final. La vida la había tratado tan mal, que le daba igual ya ganar o perder. Sus escusas no sabían ya ni hablar por ella. Solo recordará las tardes de Invierno por Madrid, esas noches enteras sin dormir. La vida pasa, y sentía que iba a morir de amor al no ver a nadie sentado en su portal sin mirar al suelo ni pensar. No era mala, solo ingenua. Pretendía creer que el mundo estaba a sus pies. Quería construir un mundo a todo color, en blanco y negro. No podía evitar echarle de menos, solo quería verle.

Hay momentos en los que los sueños se hacen realidad, y esos momentos pasan desapercibidos. Se cansaba de hablar con el silencio. Una maleta llena de libros y fotos de una sonrisa junto a la mía la acompañaban en aquella travesía con su abrigo a los hombros; con el cual se durmió. Quería mirar y sentir, se perdía esperando, no le quería perder por morir. Aquel tren que no dormía estaba vacío de sonrisas, pero solo una mirada buscando la suya al bajar en aquel triste apeadero. Le abrazó con el reflejo del Sol del medio día. En el trayecto leyó sus poemas de amor. Le perdió, le buscó, no encontró nada. Le encontró nuevamente a él pensando en ella.

La recibió con un gran ramo de rosas, la última no era de plástico ya que todo tiene fecha de caducidad; hasta el amor. Era un día de pensar, sin pensar en nada en concreto. Apartaba la mirada para no enamorarse de sus ojos. Se conocieron entre silencios. Su cara se empapó, gracias a esas cosas tontas; era así. La esperanza siempre era su medicina. Mientras el Sol daba su último bostezo, se dieron aquel beso. Son baratos y es lo único que calla nuestras húmedas bocas. El amor verdadero, es tan solo el primero. Los demás siempre serán para olvidar.

Por eso era cómo el mosquito tonto de la manada, que seguía su luz aunque la llevara a morir. Le seguía cómo todos esos puntos finales, que adornan frases suicidas buscando su fin. Era una poeta que trabajaba en un banco. Se callaba porque era más cómo engañarse respecto a esas batallas entre razón y corazón. El cine era su escaparate, al igual que esa rosa resignada decoraba su despacho elegante. Por eso siempre le llamaba 'amor mío', al primero que no la hacía daño cuando ya había olvidado. Reducía sus palabras a una iluminada pantalla. Era su medicina real. Escribir. Y en silencio pensaba tan solo en él.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

No quiero amor, solo quiero alguien a quién encenderle los cigarros.


No quiero amor, solo quiero alguien a quién encenderle los cigarrillos. No quiero amor, solo quiero besar a alguien sin miedo a perder esos labios. No quiero amor, solo quiero hacer largas sesiones de fotografías al lado de alguien. No quiero amor, solo quiero dar tumbos por Madrid. No quiero amor, solo quiero compartir todas mis canciones con alguien. Mi problema, la impaciencia. Mi problema, la desesperación. Mi problema, las hostias. Mis problemas, la ausencia de ese alguien. Mi problema, que quiero amor.


martes, 20 de noviembre de 2012

Sustituimos los besos, sustituimos las personas, sustituimos los recuerdos, sustituimos las caricias, los sustituimos todo. Quizá sea por que la vida sigue, y nos empeñamos en olvidar todo lo que nos hizo sonreír en un pasado. Por que de los recuerdos no se vive, y se vive del presente. Pero, ¿quién se acuerda del pasado? El pasado es solo nostalgia, es esa sensación de vacío que te entra en el corazón cuando te hacen recordar una cosa bonita del pasado y la acompañas de con una media sonrisa tras haber recordado todo aquello. Eso, es sustituir. Y sustituir es recordar. Recordar que somos lo que fuimos, que besamos por que alguien nos besó, y conocemos gente nueva por que ya hemos conocido a nuestros actuales amigo en su día.  Somos una caja en la que entran y salen historias, como sustitutos de los recuerdos.


lunes, 19 de noviembre de 2012


Solo olvidaba viajando, solo viajaba a Londres. Se conocía todos sus recovecos de memoria, al igual que los de Madrid. Pero en ese breve fin de semana, estaba acompañado. Acompañado de besos, caricias, sonrisas, miradas, y todo tipo de ñoñerías románticas para imaginar. Le quería, si. Por siempre, tal vez. Tal vez los 'para siempre' dan miedo. Dan miedo por la juventud, por la madurez, o por que no es es amor si no capricho, quién sabe. En ese preciso momento el se detenía en Westminister. Los dos salían de la mano, ajenos del resto y sus miradas que pocas eran comparadas con las de Madrid. Las vistas al Big Ben, al Támesis, el London Eye, el boulevard del río, los árboles verdes y ese inconfundible olor a mar y ambiente húmedo que caracteriza Londres. Apoyados en el bordillo de aquel antiguo puente, se besaron.


 Besaba por que era lo que sentía, sus labios con otros labios que pronunciaban 'te quiero' de forma incondicional. En ese momento sacó su vieja cámara Canon analógica en honor a lo vintage, y se fotografiaron para el recuerdo de aquel viaje a Londres. Ahora, cada uno, o quién sabe, solamente uno recuerda ese viaje mirando aquella fotografía en compañía de lágrimas, cigarrillos y vodka.



domingo, 11 de noviembre de 2012


Quizá fue el ser humano quién creó el universo de la soledad, un buen o mal invento. Depende de cómo lo queramos ver. Nadie nos escucha mientras hablamos con nosotros mismo, pero sin embargo siempre nos preguntaremos en que estará pensando en la persona que tenemos al lado. Nuestra mente piensa sola, en una búsqueda sin sentido. todo pasa a través de nosotros. Cómo si fuera una estadística, siempre buscamos al resto. Estamos solos, cómo un satélite en órbita a la Tierra. Hay noches en las que nos sentimos más solos que un astronauta, mandando llamadas de emergencia alguien sin respuesta. Perdemos cuando nos quedamos sin nada, pero sin embargo siempre formaremos parte de un todo. Me gustaría dejarme caer dando vueltas y vueltas, que todo cesara. Estamos enfermos de silencio. Qué habremos hecho, habrá millones de personas y nos conformamos con nuestro puñado. Pero somos únicos en desconectar de todo en nuestra cabeza. Nos recreamos en nuestros gritos de silencio, de gravedad cero. Necesito bajar, y abortar esta misión ahora. Todos cuando estamos solos nos olvidamos del resto, pero el resto nunca de nosotros. Si escuchas mi voz, ven y sálvame.


sábado, 3 de noviembre de 2012



Cansado un poco de todo, y un bastante de nada; decidió irse a su sitio favorito de Madrid. Aquella azotea era su pequeño mundo con la banda sonora personalizada de sus cascos. Se veían todos los rascacielos, las calles importantes, la gente... Lo observó todo. Y observó cómo el ser humano había construido todo aquello en base... ¿A? En base a su felicidad. Una felicidades entre vigas de acero, ruido, gritos, personas, historias, tecnología. Su abuela siempre le decía que siempre hubo un tiempo pasado mejor. Y la verdad, es que no se equivocaba. Miraba toda aquella ciudad en el esplendor de su inmensidad y su todo, pero tambien miraba todo aquello. Y la verdad es que todo aquello era artificial. Bajó rápido las escaleras de emergencia, y arrancó su coche al mismo tiempo que se encendía un cigarrillo y sintonizaba su emisora de radio favorita.


 Dirección, lejos. Camino, la primera autopista más cercana. Objetivo, el campo. Tras una larga hora entre historias, recuerdos, un par de cigarrillos más y la banda sonora de la radio; llegó a su meta. Salió de su coche y corrió lo más lejos posible. Sin nada, absolutamente nada. Solamente ella, y la plenitud del campo alejado de todo aquello que había dejado atrás. Lo mejor de todo, es que se había dado cuenta, que allí era feliz. Y como siempre, sonreía.



viernes, 19 de octubre de 2012


— Hola.
— Hola amor. 
— Bueno, hoy ha llegado el día. Ni sabes las ganas que tengo de... Olerte, escucharte la voz, tocarte... No te haces la idea. 
— Si, enserio. Yo más de lo mismo, ya sabes. 
— Bueno, cómo dijimos en Plaza de España a las seis de la tarde, ya sabes. En la fuente ¿vale?
— Vale, muchos besos. Te quiero.
— Y yo, mucho mucho más nena.
Se desconectó del chat rápido, cómo hacía siempre. 



Ella, estaba que saltaba de alegría. No podía creerse que ya hubiera llegado ese día. Dios, dios, dios... No para de repetir lo mismo en su interior reprimiendo sus saltos de alegría. Su sonrisa, era permanente. Sus sueños, sus ganas de que esa realidad artificial se iba a hacer real. Besos en persona, abrazos oliéndole, mirando cada uno de sus poros, de sus pensamientos, imaginado historias; un futuro por crear. 

Comió la comida lo más rápido que pudo, y se dedicó toda la hora de la siesta en combinar cada uno de los modelitos que tenía en su gran armario. Al cabo de una larga hora comparando y pidiendo opinión a sus amigas, se declinó por el vestido corto que se compró en esa céntrica calle de Londres y un pequeño bolso de tachuelas.  La altura de sus botas, la llevaban al cielo. Bueno, ella ya estaba en su cielo; obviando el mundo. Estaba en su mundo. 



En el metro, no paraba de mirar su reflejo en el cristal de enfrente en el vagón. Solo sonreía, solo y únicamente. Contaba las estaciones con nerviosismo, miraba la hora, el móvil... Aquél traqueteo del tren, el abrir y cerrar de puertas, la megafonía, la gente que siempre miraba creando sus historias... Ese túnel se le hacía eterno. 
'Próxima estación, Plaza de España'. Era el momento, era su momento. Subió por las interminables escaleras mecánicas esquivando a todo el mundo. Aprovechó el pequeño reflejo de la puerta de salida a la calle para volver a mirarse, por enésima vez. Si, estás guapa. Se repetía una y otra vez. El poco viento que soplaba ese día en Madrid levantaba un poco el vestido. 



Quedaban quince minutos para la hora de la cita, pero ella ya estaba sentada en el borde de aquella fuente. El salpicar de los chorros mojaba levemente su melena, perfectamente alisada el día anterior. 
Miraba la hora cada medio minuto, medio segundo. Los minutos pasaban, era la hora. Se levantó, y se volvió a sentar. Decidió ir un momento al Starbucks de enfrente a por un expreso el cual llevó hasta el borde de la fuente para beberlo. Seguían pasando los minutos, los dos minutos, tres minutos, cuatro, cinco, seis... ¿Y él? 
Tranquila, un pequeño retraso lo tiene cualquiera. Miró al cielo. Si, el tiempo había acertado; esa tarde iba a llover. Miró la hora, tras media hora interminable de mirar y mirar más la hora. 



Estaba desesperada. Encendió el Twitter, el Whatsapp, Tuenti... todo. Le buscó... y no estaba en ningún lado. No estaba en ningún lado. Guardó el móvil al mismo tiempo que una gota asomaba por su moflete perfectamente maquillado. Quién sabe, a lo mejor nunca había estado en ningún lado. O quien sabe, que a lo mejor nunca había hablado con nadie, o con ni si quiera él. Tanto tiempo, tanto desperdicio... Se llevó las manos a la cabeza. Se despeinó, todo le daba igual. Bueno, todo no. Ella, no se daba igual. Si, había caído en un engaño. Al menos, le quedaba un cigarro por fumar al mismo tiempo que terminaba su café, llamaba a sus amigas para quedar, y empezaba a llover mojando toda su mentira. 


domingo, 14 de octubre de 2012


Ya había echado el cierre, pero las luces en el interior de su estudio de tatuajes y piercings seguían encendidas. Los ayudantes, ese día habían cogido día libre. Estaba sola. Sola, rodeada en su mundo. Un mundo de arte, de blancos y negros, de perforar cuerpos, de moldear sueños; de un sinfín de cosas más. Era su mundo, y como todos, en nuestro propio mundo, nos sentimos fuera del mundo real. Se encendió un cigarro al mismo tiempo que terminaba aquel café del Starbucks, que ya estaba frío. Al terminar, apagó la luz. No quería saber nada de nadie. Había sido un día duro, pero como los de siempre. Dilatas, piercings y tatuajes. Escuchaba el silencio de la oscuridad. Aunque, en ocasiones las risas de la calle y el traqueteo del metro hacían compañía. Su mente, quién saber dónde. Lo más seguro es que fuera de su cuerpo, en su propio mundo también. Al paso de unos minutos, encendió los altavoces y puso música en aleatorio. Ese pop indie, rock, o música de los años 80 y 90, invadían aquellos metros cuadrados del centro de Madrid. En los que una chica, cualquiera, mismamente tú, se había dado cuenta que el cambio que deseaba lo tenía delante de sus narices. 


martes, 25 de septiembre de 2012


Sonreía. Habían pasado todos los años que hubieran pasado, pero al fin estaba sonriendo. Ya era de noche, y como de costumbre estaba lloviendo. Era Londres, nada del otro mundo. La calle de aquél típico barrio británico de chalets estaba a penas alumbrada por las tímidas luces de las casas, y alguna que otra parpadeante y averiada farola. La estación de metro cerraba justo al instante que el llegó a aquella céntrica avenida de la City, donde estaba aquel pub. Media noche, era. Madrugada, era ahora. Su mente solo estaba en todo lo que había vivido aquella media noche. La volvió a ver, esa sonrisa, esos ojos marrones, ese pelo rubio ceniza que le llegaba hasta media espalda, su estilo de ropa anclado en el pasado. Un pasado dorado, los Años 60, del que nunca quisieron despedirse ninguno de los dos.


 Había vivido felices, si. Viven felices, si. Pero aquel pub, no cambió nada en esa temporada. La misma camarera arrogante, y las mismas cervezas frías acompañadas de unos insípidos cacahuetes sin sal. Habían pasado quince años. Quince historias, quince momentos, quince vidas. Pero en ese periodo, ninguno de los dos olvidaría aquella promesa de volver a verse en 1973, por, quien sabe, si se acaba el mundo; o por el simple hecho de charlar un rato, o lo que quieras tú pensar. Aquel hombre ya entrado en años, hacía el mismo viaje de madrugada cada año, recordando como el amor de su vida, le dijo aquella noche, que no le quería ver nunca más.


martes, 18 de septiembre de 2012


Aquella fiesta era sublime. Todos reían, todos hablaban de temas de actualidad, camareros, barra libre, el jardín lucía en todo su esplendor de media noche. Las señoras, por un lado. Sus charlas alegres, basadas en noticias de prensa amarilla de la 'jet set' del momento. Cada una, con un vestido que superaba al anterior, en dinero. Todas las marcas imaginables, se podían ver como si se tratara de una pequeña pasarela en aquel jardín de aquella mansión. Los hombres, también trajeados, abordaban temas de actualidad económica o deportiva. Conversaciones, si, pero llenas de falsa risa e hipocresía por doquier. Ella, no aguantaba más. Se retiró de un grupo en el que ni prestaba caso a la conversación y se limitaba a sonreír, y asentir. Estaba sola, metida en sus sentimientos hasta el punto de llorar. En aquella apartada silla del jardín, podía ver a su marido. Él, era el centro de un corrillo formado por mujeres sonrientes y sus correspondientes maridos que le seguían el hilo de la conversación. No aguantaba más. Se desabrochó las apretadas cremalleras de su vestido, encendió un cigarrillo en una mano, y en la otra terminó de beber la última copa de champán de aquella noche. Sin despedirse de nadie, ni su marido, salió de aquella mansión. Cogió su coche, y huyó. No aguantaba más aquella vida amueblada al gusto de sus padres en un pasado, con unas estrictas normas, protocolo, y sobretodo, dinero. No cogió la autopista de vuelta a casa, no. Terminó tirándose con el coche por los acantilados de aquella zona costera. Murió, victima de la cúspide de nuestro sistema.



miércoles, 12 de septiembre de 2012

Alicia Rubio.

Las sonrisas de despedida adornaban la pequeña sala. Ella, se quedaba sola ¿Sola? No, cada postura era un mundo, era un pensamiento. Cada salto, era una historia. Cada punta, era una meta a superar. Su cara inexpresiva de concentración, demostraba madurez. Pero nunca se desprendía de su toque infantil, inocente. El que todos nunca debemos perder. Estaba cansada, pero ella seguía entrenando para el gran día. Las luces de la calle, ya daban presencia de que era tarde. Se sentó un momento en el suelo a beber agua. Ese momento terminaron siendo unos cuantos minutos, apoyando su cabeza sobre las rodillas. Las lágrimas estaban acompañadas de una media sonrisa que expresaba un ´¿qué narices hago?'. Miró su móvil, era más tarde de lo que ella esperaba. Desactivó Internet, necesitaba estar completamente sola. Apagó las luces. A oscuras, lo único que alumbraba era la pequeña brasa del cigarro que poco a poco secaba sus labios, la relajaba, e inundaba se cabeza de un mundo del que solamente sabía ella. Estaba tranquila, pero no desconectada del mundo. Simplemente se aislaba de él. Abrió su mochila y esquivando la oscuridad, se bebió una Coca Cola.

Ya había pasado una hora. En el centro de danza no había nadie. Bueno, nadie no. En la sala, justo en el medio del parqué, había un folio. Al lado de un folio, un tu-tú, unos zapatos y una cinta. En el folio, solo había un simple adiós. Ella, estaba en el metro. Miraba su reflejo en la ventana de enfrente, estaba sonriendo. 

sábado, 8 de septiembre de 2012


Llovía. El asiento era confortable. Estaba cómoda, y cansada. Su mirada se perdía entre las luces de la noche del skylane de la ciudad. Las que más la llamaban la atención, eran las de la pista de aterrizaje. Los aeropuertos, son lugares mágicos, de noches son más. Idas, venidas, abrazos, despedidas, gente con ganas de empezar de nuevo, o sin ganas de empezar nada, ejecutivos, mil idiomas, mil destinos...


El avión estaba prácticamente vacío, y según parecía, viajaba sin acompañante. Era lo que caracterizaban algunos vuelos de madrugada. Aunque, no viajaba sola. Viajaba ella misma, viaja con su historia, viajaba con su vida, viajaba son sus recuerdos, con sus traumas, con sus sonrisas, y alegrías.


Viajaba, a Inglaterra. Ese país, le conocía de pasar algunos veranos de su vida. Esa vida, que tanto la había cambiado, y en la que tanto había aprendido. Aprender, a base de sufrir y sonreír. El avión ya empezaba a moverse hacia la pista. Su mirada, en la noche. En las luces. Su mente, en su todo. Cerraba los ojos mientras apoyaba la cabeza en la ventanilla ¿Lloraba? Si ¿Sonreía? También. Los motores, ya cogían velocidad.

 Desde siempre la gustaba esa sensación. El avión con más fuerza iba recorriendo la pista, iba levantando su morro. Abría los ojos, miraba por la ventana. Su mirada, Madrid. Su mente, en su todo. Su mirada, iluminada con una sonrisa, con una pequeña lágrimas que daba el toque final de un precioso comienzo.


miércoles, 5 de septiembre de 2012


Su mirada estaba perdida. Bueno, más que perdida no estaba centrada en ningún punto en concreto. Su leve mueca de tristeza en los labios la delataba. Cuando algo la sorprendía, cualquier ruido, giraba bruscamente el cuello y su mirada se tornaba hacia la agresividad. Esos ruidos eran simples pájaros, o chasquidos de los muebles. Afuera, estaba a punto de llover. Las nubes grises casi negras, iban cubriendo la ciudad. Desde ese ático, se podía divisar una pequeña parte del skylane de Madrid. Daba vistas a la zona de Plaza de España y  la mitad de Gran Vía. Hay gente que prefiere Madrid con lluvia, por que es más bello. Ella era de esas personas. Justo cuando se fijaba que por la ventana ya se estampaban pequeñas gotas, que las siguieron otras con más intensidad, se levantó de aquel sillón moderno de su salón. Se acercó al cristal, se encendió un cigarro. Lo fumaba, lo quemaba, lo disfrutaba. Abrió una cerveza. La saboreaba, la disfrutaba, la emborrachaba. Quemaba sentimientos, y encerraba recuerdos en aquellas latas de hojalata. Antes había bajado el volumen de su altavoz del iPod. Se acercó, y desde ese momento Madrid se quedó sordo. Solo se escuchaba su música. Esa balada de música alternativa, la hacía pensar en nada y pensar en todo. Música de claves tristes acompañada con una melodía lenta estilo Años Sesenta. Había sufrido, si. Pero esa mujer, era fuerte y era bella. Vestida con su vestido elegante, con un cigarro el mano, una cerveza en la otra, los oídos en la música, y la mirada en un Madrid lluvioso; esa mujer había decidido cambiar algo de su vida.



lunes, 27 de agosto de 2012


La cola ya se prolongaba demasiado. Miraba la hora en el smartphone constantemente. Delante suya, ejecutivos trajeados, secretarias con agenda en mano, algún que otro estudiante con sus apuntes... La ciudad de se levantaba, su mirada no. Aparte de tenerla clavada en la hora, la tenía en sus pensamientos. Todos guardamos sentimientos en las miradas, otra cosa, es expresarlos. Sus sentimientos la tenían perdida ¿Sola? Quizás. Solo en el amor, de amistades nunca se pudo quejar. Ni mucho menos ahora. Valoraba guardar las amigas desde el instituto. Su corazón sabía sentir, pero no tenía nadie con quién representarlo. Todavía la dolía aquella pérdida. Fué su primer amor. Pero, como siempre pensaba ella, borrón y cuenta nueva. Todo pasa por algo, no hay mal que por un bien no venga. En definitiva, su primer tatuaje es Carpe Diem en letras griegas. Su mirada seguía perdida, la cola avanzaba. En ese momento se fijaba en el televisor. El canal de noticias. Vaya mundo... pensaba. Parecía mentira que cuando era adolescente salieron de una crisis, y ahora están metidos en otra. La crisis de mucha gente, y pocas personas. La impecable belleza de la presentadora de noticias camelaba a toda la cafetería, mientras la cola avanzaba. Ya era su turno.
- Buenos días, Cafetería Beans ¿Qué desea?
- Un café latte, con extra de azúcar, por favor.
Adoraba las cosas dulces. No había dulce que no se le resistiera, aparte, el café sin azúcar está amargo.
- ¿Nombre?
- Pues...
- Bueno, da igual. Es la última de la fila. No habrá problema.
La sonrisa de la dependiente animaba a cualquiera la mañana.


Como en todas esas cafeterías rápidas, te tenias que ir al final del mostrador para recoger tu pedido.
Lo recogió.
En ese instante sacó el smartphone, estaba vibrando ¡Era la alarma de la reunión con 'los coreanos'!
Empezó a correr mientras saboreaba el primer sorbo de de su café latte. Su mirada ahora, en el smartphone.
Pero su cuerpo, iba a tropezar con el hombre de su vida en la siguiente esquina. Ella, con las prisas, simplemente se disculparía.
El destino, a veces hace estas putadas. Pero, sobretodo, sonríe con lo que tienes.

sábado, 28 de julio de 2012


Se tiraba al agua como siempre de bomba. Como si fuera una chica pequeña, ese espíritu infantil nunca ha de perderse; o eso decía ella. El agua fría, invadía cada uno de sus poros como si millones de alfileres se clavaran en su cuerpo a medida que su cuerpo se iba sumergiendo. Era ella, era su río. Podía recordar cada rincón de aquel sitio, con un recuerdo. De niña, con sus amigos, esas noches frías con sudaderas de universidades británicas, su familia, o simplemente ella sola; buscándose o encontrándose. Disfrutaba nadar. Meter el cuerpo rápido, adaptarse al agua helada de un río hasta en aquel mes de Agosto y bucear. Bucear, sumergirse, sumergir sus pensamientos, sumergirse ella misma. El agua del fondo, como de costumbre, siempre tenía unos grados de diferencia respecto a los de la superficie. Y esos cambios de temperatura, la hacía evadirse del Mundo. Simplemente, relajarse. Las algas, la arena, las piedras resbaladizas, los peces, los insectos, el agua, el Sol, el viento, el aroma a campo. Era su río; y lo prefería antes que una playa abarrotada de familias medias españolas, y turistas cuya piel siempre se torna a color rojo. En ese momento, no pensaba en nada. Estaba buceando unos cuantos metros por el fondo, el cual rozaba sus pies y su tripa. De repente, se dio contra el bordillo ¿Qué hacía allí? Al instante subió a la superficie. Cogió aire, lo soltó; y abrió los ojos. Ah, es verdad. Podía divisar todos aquellos gigantes bloques de apartamentos que rodeaban su piscina. Pero la daba igual. Seguidamente, se volvió a sumergir. 

lunes, 23 de julio de 2012

Alicia Rubio.


Como era de costumbre, estaba sentada en su pupitre. Y como también era de costumbre, estaba un poco nerviosa. Era tímida, pero cuando se desenvolvía en su funda, era la mujer más bella del mundo en todos los sentidos. Ese pelo moreno, ese pelo rizado, ese cuerpo; hacían de ella una mujer de puros rasgos mediterráneos. Centrándonos en su cuerpo, tenía cuerpo de bailarina, una bailarina de ballet que en ratos libres ensayaba haciendo puntas en su dormitorio. Su nariz respingona, y su amplia y blanca sonrisa destacaban en su rostro. En ese instante el profesor entraba por su pasillo de pupitres. Con su mirada seria e inexpresiva para algunos y sonriente para otros, repartía los exámenes entre alegrías y penas. Cada paso que el anda, era un latido más intenso en el corazón de aquella chica. Era su turno. El profesor dejó la hoja de aquel examen dada la vuelta, en blanco. Casi temblando la dio la vuelta. Casi temblando se quedó al ver que al dar la vuelta a la hoja, seguía en blanco. Estaba confusa. Repitió la acción un par de veces para asimilar que, ese examen que había rellenado milimétricamente estaba en blanco por las dos caras. Todavía no se lo creía. Todavía no se creía que, en ese mismo momento estaba en su oficina. Sentada en su despacho con una nube a su alrededor basada en dinero, e inglés. Mucho inglés. Desde aquel despacho situado en cualquier alto piso de cualquier oficina de Madrid, o Dios sabe dónde. Pero enfrente suya, en su pantalla de ordenador, lo que estaba en blanco era un nuevo documento. Un documento Word. Y se titulaba, Carta de dimisión.