Eran las dos de la madrugada, la ciudad dormía, pero ella no podía mas. Siempre la misma y repetitiva pesadilla de sus tutores legales que la maltrataban y abusaban de ella sexualmente, las risas de sus compañeros de estudios riéndose de ella y muchas tardes sola sin saber que hacer. Los días para ella eran como años, nunca había tenido visitas.
Decidió encender el televisor para ver si se distraía a esas altas horas pero vio que no que no la apetecía ver porno, tele tienda y concursos de llamadas. Apagó amargamente el el televisor y miro por la ventana. En la repisa de ella solamente había botes de pastillas y de fondo, la bella ciudad de Madrid desde la torre del Hospital de la Paz desde la que se puede divisar la colosal mirada de las cuatro majestuosas torres y sus aisladas luciérnagas encendidas.
Se asomó, y lo único que alcanzaban sus ojos era esa bella panorámica de la ciudad y el ir y venir de ambulancias.
Se volvió a tumbar en la cama y como siempre, aquella inesperada visita de una lagrima recorriendo su parpado la sorprendió. Ya estaba tan acostumbrada a hacerlo que hasta le gustaba e incluso veía natural e incluso bello y artístico ver llorar a una persona.
No tenia ninguna expectativa de futuro, sabia que su cáncer era terminal y no podía hacer nada para evitarlo.
Sus lagrimas no cesaban y sus marcadas y abultadas ojeras le dolían de hacerlo. Estaba decidida a ello.
La cama se quedo vacía, la maquina de bombeo artificial de sangre manaba chorreaba por el suelo blanco en baldosas de aquella gélida estancia hospitalaria, el gotero de oxigeno emanaba gotas como si de un grifo a entre cerrar se tratara.
Estaba mareada y desorientada, le dolía la cabeza de repente y el dolor en el pecho iba en aumento, sus lagrimas cesaban; pero lo que si recordaba era la salida del hospital.
En ese mismo instante era el cambio de turno y los médicos no podían controlarla.
Sus pálidos pies se deslizaban por el suelo, sus manos se apoyaban por las pareces como el arrastrar de su cabeza. La Dama de la Muerte estaba cerca, podía ver como la sonreía diciendo que se acera a ella y que no había marcha atrás.
Mientras tanto ella iba avanzando por aquel lúgubre pasillo al mismo tiempo que su alma se iba despegando de ella, la boca empezó a expulsar sangre.
Su muerte estaba cada vez mas cerca. El pasillo ya estaba llegando a su fin a la misma vez que podía ver con mas claridad la puerta principal, era su ultimo esfuerzo. Saco la poca energía que la quedaba dentro y en una ultima carrera las puertas automáticas se abrieron a su paso y la lluvia la empapo la cara. Se tiro al suelo, estaba agotada de intentar morir. Mientras las gotas empapaban sus labios y al mismo tiempo que se cerraban sus ojos, de ella salio una triste sonrisa como señal de que tenia ganas de morir, y en verdad era.
Su cuerpo se apago al mismo tiempo que en esa madrugada de lluvia en la ciudad de Madrid, una joven chica de destino desafortunado, decidió quitarse la vida en medio de aquella solitaria explanada del Hospital de la Paz.




















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