La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.
domingo, 26 de febrero de 2012
Nueva York nunca duerme ,aquel chico tampoco. El dolor de cabeza, las lagrimas y el sabor a boca seca eran sus únicos amigos. Estaba apoyado en la cama inmerso en sus pensamientos , ya estaba cansado de llorar y le moqueaba la nariz. Nunca dejaba de preguntarse por que Dios le había regalado esa vida, no estaba a gusto con ella y estaba harto de todo ese mundo de la monotonía, era como si nunca avanzara el tiempo en su corazón. Se tumbo en la cama, antes había tomado una pastilla para calmar ese atornillante dolor.
Estaba muy cansado, quería dormir, pero en esos momentos en los que entre abrimos los ojos le sorprendió aquel reloj que estaba situado en su mesilla. Sabia de sobra que no era suyo ¿Que hacia allli? ¿De quien era?
Se incorporo en la cama y con un leve bostezo lo cogió.
Era realmente antiguo pero preciosamente bello, y sobretodo, vintage. Amaba las cosas antiguas, quizás los tiempos pasados decían que eran bellas épocas mejores. Tras mirarlo y manipularlo delicadamente se fijo en que tenia un extraño botón. Lo presionó.
Y los gritos de la vecina de al lado gritando a su gato cesaron, se asomo a la ventana y la Quinta Avenida estaba totalmente paralizada. Rabia parado el tiempo. Empezó a reírse, no podía ser cierto, estaba realmente sorprendido e incrédulo. Nuevamente pulso ese botón metalizado bañado en plata de ley. Y la vecina seguía gritando a su gato y los claxons, luces de neón, voces de personas y el vibrar del metro volvían a ser ciudadanos de Nueva York. El chico se quedo boquiabierto, ¿le estaba pasando esto realmente a él? No podía ser posible.
Volvió a parar el tiempo y cogiendo su cazadora favorita se aventuro a la azotea de su edificio. Una decisión inmadura y cobarde, pero era lo que había decidido.
Se sentó sobre el borde del rascacielos metálico y de enormes cristaleras. Salto al vacio, y su cuerpo caía a una velocidad que en sus últimos segundos de vida realmente le asustaban. Su cuerpo se iba a estrellar en el suelo y iba a despedirse del mundo. Ya tenia el asfalto a un centímetro de sus preciosos y enrojecidos ojos.
Se incorporo violentamente en su oscuro cuarto, estaba sudando y tenia el corazón a cien por hora, no podía creer lo que había soñado. Lo estaba pasando mal realmente, pero nunca seria tan necio de arrebatarse el mayor regalo del mundo, la vida.
Pero nuevamente se sorprendió, y esta vez el corazón doblemente creció en velocidad, sudaba mas rápido y estaba mas pálido que un folio.
Ese reloj estaba en su mesilla.
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