Como cada tarde en la que no tenia nada que hacer ella salia al bosque a dar una vuelta.
Era otoño, su estación favorita. El olor a tierra mojada, pisar las hojas, el cielo siempre de color gris... da la sensación de que parece que era tímida, triste, metida en su mundo; la gente que la conocía sabia que no ella no era así.
Esa vez se llevo su iPod lleno de toda su música, se puso un viejo disco de uno de los primeros grupos que la gustaron, La oreja de Van Gogh. Y como no, su apreciadisima camara Reflex, ella era la encargada de inmortalizar toda su vida.
Aquella música que tanto le gustaba y esas letras llenas de vida, amor, muerte, amistad... la creaba una especie de sensación de tristeza con un toque de esperanza y felicidad. Escuchar la LOVG y decir lo que se siente es realmente complicado.
Pero ella estaba centrada en seguir el sendero que conocía de memoria desde que tiene memoria. Inmortalizaba algunos bellos paisajes que creaban las montañas, los arboles, el sol apunto de esconderse y las nubes.
Ella seguía, tarareaba aquellas letras que tan de memoria se conocía y con las que tanto se identificaba.
En ese bosque había paseado de la mano con su padre, besado a su primer chico, a su primera chica, hecho fiestas con sus amigos, habia reído, había llorado... en definitiva el bosque había crecido con ella.
Tras un rato de agradable paseo se sentó bajo su árbol favorito. Se quito los cascos, encendió la cámara y tras mirar las fotos que había sacado, decidió sacarse unas pocas a ella.
Volvió a mirarlas y en una se dio cuenta de que salia la cabeza de un ciervo. Se sorprendió y se rió con una tímida carcajada. Se dio la vuelta, no había nadie. Riéndose en su mente y con una amplia sonrisa en sus dientes, pensó que en esos momentos siempre había estado alguien con ella. Se incorporo y abrió una lata de su refresco favorito que había guardado en su bolsillo. Estaba mas fría que en la nevera, ese otoño era mas gélido que de costumbre. Tiro la lata. Su Blackberry le vibraba, era el Twitter, sus amigos la recordaban que habían quedado en veinte minutos. Sonrió, saco una llave y escribió en un árbol dentro de un corazón, FOREVER.
Guardo sus llaves, su Blackberry, enrosco los cascos de su iPod, guardo su cámara y empezó a correr. Miró hacia atrás y allí estaba el ciervo, con esa preciosa cornamenta y esa seria pero fiel mirada. La chica le miró sorprendida y con una gran sonrisa. Intento sacar rápidamente su cámara para hacerle una foto, la posicionó, pero aquel noble animal salio corriendo.
La chica llego tarde, con un poco de pena guardo su Reflex y continuo en su carrera, sabia que iba a llegar tarde.






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