La violencia es bella. Supongo que nos dan mas morbo las cosas tristes, malas, imágenes duras, inteligencia emocional, choque de emociones... Nos hacen sentir a gusto en nuestras cosas y cómodos en nuestras vidas. O nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda.

domingo, 26 de febrero de 2012

El sonido se escapaba del túnel del metro. Los letreros del anden ya indicaban el siguiente tren con su destino y linea correspondiente; ese era su metro. Cogió su mochila y la agarro con todas sus fuerzas, se acerco levemente hacia la linea amarilla de separación del tren. El convoy irrumpió con fuerza y ruido en el anden, su flequillo voló un poco. La plataforma vibraba con el traqueteo típico del suburbano de esa ciudad.


El tren freno con chirriante suavidad, las puertas de abrieron. La megafonia anunciaba la presencia de dicho metro. El chico cerro los ojos y de el salio un profundo suspiro. Comprobó que tenia todas sus pertenencias en mano y entro en el último vagón del aquel largo y estrecho tren. Una vez dentro, el chico confuso empezó a buscar un sitio libre. El unico que diviso fue un pequeño compartimento de cuatro asientos libres, era el perfecto.


Dejo la mochila en el asiento de su lado izquierdo. Guardo el billete de ida de aquel efímero viaje que le iba a marcar la vida, pero era lo que el había madurado y decidido entre sonrisas y lagrimas. Cogió los auriculares y los clavo en su Smartphone, puso su canción favorita, de su grupo favorito, digamos que la a que ti mas te guste. De el salio una ligera sonrisa gracias a su música, tras eso, empezó a mirar todas sus fotos y a cargar todos los perfiles de sus redes sociales. El viaje era corto y no tenia que hacer ningún transbordo pero había que matar el tiempo.
Tenia pocas novedades, después de comprobarlas y responder salio del chat, no quería hablar con nadie asi que decidió sumergirse en sus recuerdos inmortales, en sus fotos. Amigos, lugares, sonrisas, meriendas, canciones, detalles que no había mirado, cenas, noches eternas... iba a echar muchas cosas de menos. De lo que mas se arrepentía es que no se había despedido de nadie. Una vez que hubiera llegado a aquel remoto lugar les avisaría de su nueva presencia. Tras esos melancólicos momentos bloqueo su teléfono móvil y decidió cerrar un momento los ojos. Pero como siempre, en cada trayecto de transporte publico, los ojos del desconocido de enfrente siempre te sorprenden e incluso pueden llegar a intimidarte. Tras unos segundos de fija mirada con la trajeada mujer de enfrente - que lo mas seguro que que fuera una ejecutiva de camino a su ajetreado rascacielos de acero y cristal - retomo nuevamente el cerrar sus oscuros y castaños ojos apoyando su cabeza en el cristal.
El traqueteo, la velocidad y la megafonia son unos de los pocos impedimentos que siempre te encuentras para dormirte en el metro, pero ese chico estaba realmente somnoliento de la noche anterior. Milagrosamente no se paso de parada, le despertó el vibrar de las puertas cuando se cruzaba con otro tren en sentido contrario por el túnel. Frotándose levemente los ojos al mismo tiempo que bostezaba los altavoces anunciaban la próxima parada, era la estación de trenes. Cogió su mochila y se aproximo a las puertas. El convoy freno con la misma suavidad chirriante del principio e impaciente no cesaba de presionar el botón de apertura automática. La megafonia y el ir y venir de personas era ensordecedor, era la estación central. Una vez alli tras atravesar kilómetros de pasarelas automáticas y escaleras mecánicas llego al vestíbulo central. En el habitaban carteles informativos, miles de pantallas publicitarias animadas y un precioso reloj de aguja típico de toda estación de ferrocarriles.

Ya había comprobado los horarios por Internet, pero quería asegurarse asi que perdió su mirada en aquellos inmensos y cegadores paneles informativos. No había retrasos y el tren estaría en su hora y anden correspondiente. Se dirigió vagamente rápido hacia él.

Estaba muy cansado, se tumbo en el suelo y saco su cámara para echar algunas fotos a aquel sitio. Seguidamente encendió un cigarrillo, y lo fumo con todas las ganas del mundo. La megafonia y la gente a su alrededor eran su unica compañía en aquellos momentos. De pronto Su bolsillo empezó a vibrar, era su móvil, era su madre. Se levanto lleno de furia y estampo el móvil contra las vías. Gracias a Dios no se le escapo una lagrima mas, ya tenia los ojos secos de su vida entera.
El sol era realmente cálido en esas fechas acostumbradas a un par de grados de menos. Los altavoces ya anunciaban su tren. Se aproximo al extremo del anden mas alejado. Su vagón era el ultimo y quería asegurarse de su sitio pegado a la ventana. El tren ya estaba situado y estaba lleno, tenia que escupir todos los viajeros antes de que el se aventurara en su destino vital.

Se aparto para dejar salir al resto de personas.

Justo al lado de el pasaba aquel ángel disfrazado de demonio. El terrorista suicida no solamente quería que muriera gente, si no que quiso el destino que también muriera aquel chico.
Pronunciando unas palabras en árabe a voz en grito y tras haber alarmado a toda la gente del anden y al chico incluido. La carca explosiva reventó y la onda expansiva y el fuego apagaron los pulmones y el corazón del chico, pero despertaron los gritos de toda la estación entera.

Aquel chico, que solamente quería huir de su casa, no solamente empezó a aventurarse en su decisión, si no que se aventuro finalmente con la muerte y el destino fatal.

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