Alli, estaba ese instrumento tristemente elegante de larga cola negra, en la plena oscuridad del trastero y que aquel chico, y él, sabian de su existencia. Le quito la polvorienta sabana blanca que lo envolvia y desplego tu tapadera y se dispuso a tocar su cancion favorita para él.Cada nota, cada triste sonora y sublime nota que se colaba por cada esquina de aquella momentanea estancia, con el chico entre lagrimas, significaba un pequeño desahogo para él. No podía parar, ademas del tabaco drogas y sus amigos, era su única vía de escape de sus problemas. por su cabeza le volvían a pasar los mismos interrogantes pero con una pequeña pincelada de esperanza y de que finalmente algo, aunque fuera muy poco , pudiese cambiar en su vida. Toda la habitación la llenaban todas esas notas que estas actualmente escuchando. Era una perfecta armonia entre tristeza y desahogo. La cancion llegaba a su fin y sus lagrimas cesaban. Ya, todo habia terminado temporalmente, todo ese final fue bruscamente interrumpido cuando su madre abrió la puerta.


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