Conocí a una chica en Los Angeles.
Su pelo moreno destacaba entre las otras, y esos ojos marrones intensos iban a ser inconfundibles en mis sueños desde aquel crepúsculo de Long Beach.
Nunca olvidaríamos esa primavera nos prometimos.
Su piel morena no me importaba, ni su acento tampoco. Solamente la amaba como a nadie en el mundo.
amaba pasarme tardes enteras con ella tiradas en la cama mientras tocábamos la guitarra; ella cantaba en ocho los acordes de dos barras.
Nos enamoramos, pero nunca nos pudimos casar. Por esa época el estado de California no había aprobado el matrimonio homosexual.
En esas patrioticas tierras no la quedaba otra que hacerse pasar por americana, americano, America.
Nunca me contó como cruzo la frontera, siempre lloraba en el intento.
Fingir una nacionalidad de la que no eres participe para ella era un sufrimiento. Nunca llegaría a tener ese ansiado pasaporte con el Águila de los Estados Unidos.
Ella vino ademas de para follar conmigo todas las noches, hacer una vida puramente americana, pero estas leyes que discriminan a todo que no sea estadounidense hizo que todo quedara en un sueño.
Mis canciones eran una revolución por la época, el gobierno estaba con la mosca detrás de la oreja. Mi corazón me duele por ella y por tanta gente como ella. Pudimos haber ido a Europa, un viernes de verano de Agosto ,y habernos casado allí felizmente pero todo quedo en un craso error.
Llorare por ti, he luchado por ti, con lo mucho que te amo yo. Lucho por que me importas. Bésame, yo no hablo tu idioma pero mi sueño es aprenderlo.
Juro que te visitarte todos los domingos en la cárcel, incluso iré a México a por ti. Por que es anoche en la que la policía te detuvo por ser una inmigrante ilegal, hispana y homosexual en la que dijiste que nunca intentara atraparte, nunca la he olvidado jamas.
Siempre vivimos al margen de la ley, esa ley tan AMERICANA.




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